![]() Mientras tomaba café, junto a mí, dos hombres ya entrados en años mantenían una conversación refiriéndose a la juventud de hoy día. Comentaban sobre el carácter de ésta y la falta de valores, de grandeza de miras, de integridad… Hasta en un momento uno de los dos apostilló sentenciando jocosamente y significativamente: «¡Puf, cómo para ir a hacer una guerra con esta gente!…»
Tengo unos amigos, padres de familia, que tienen dos hijos varones que superan la treintena. Estos padres son unos santos; pero los hijos… dejan mucho que desear. Aquellos son católicos practicantes y estos ni pisan la iglesia (como la absoluta mayoría de hoy día). Viven como «garrapatas», a costa de los padres. Aunque ellos tienen trabajo y ganan lo suficientemente, y novietas (de las que han cambiado varias veces), siguen viviendo en casa, a costa de los padres. No solo que cuanto a la comida y al techo, para lo que no aportan nada, y se gastan cuanto ganan el viajes y caprichos con sus respectivas; sino que además, se aprovechan de la bondad de sus padres, para que les laven la ropa, se la planchen y les preparen las comidas. Alguien se echara un poco las manos a la cabeza por esto. Pero no crean, es más frecuente de lo que se cree; es más, es un denominador común: padres santos, hijos egoístas. Desgraciadamente, y sin ánimo de ser pesimista, la juventud actual no pinta bien. Mirar para sí mismos y ausentes de todo, con un despreocupante desconocimiento de las inquietudes y verdades de la vida, una falta absoluta de conciencia, de creencias y de compromiso. No piensan en nada y no se enteran de nada; viven dedicados a ir al gimnasio, ver las series televisivas, viajar, tener relaciones sexuales, consumir y preocupados por la imagen… (¿rebeldes?, según en qué, para qué; pero en cualquier caso para algo sin importancia o por propio interés).
Un detalle más, concreto, en Madrid, cuando anualmente se convoca una manifestación por la vida, de un millón de jóvenes -entre 16 y 36 años, no acuden más de doscientos. Una pena. En cuanto a la asistencia a misas de estos jóvenes las cifras son también penosas.
La despreocupación por los demás, ni para bien ni para mal, es absoluta. la soledad y la indiferencia son dos hechos que van en aumento. Esto hace vivir la ficción de la libertad. Nadie se mete en sus respectiva vidas; pero esto se lleva a unos extremos que puede darse que cualquier se puede caer en medio de la calle y ahí se queda, o si te ocupan, asaltan y desbalijan la casa (como conozco a otros amigos que les ha ocurrido), cuando vuelves a casa después de un viaje (de fin de semana, o vacaciones…), pues nadie, aunque vean la puerta abierta, te avisa. Algún día nos arrepentiremos de la dejación de la formación humana y religiosa de nuestros jóvenes. Lo veremos.
P.D.: pueden leer también este breve y significativo articulito «Palabras de juventud»
Miguel Morales |
Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

