Erich Fromm, «¿Tener o ser?»

A continuación les ofrecemos algunos pensamientos extraídos de la obra titulada ¿Tener o ser? de E. Fromm[1], gran psicoanalista, psicólogo social y filósofo humanista de origen judío alemán, del siglo pasado.

         Aristipo, discípulo de Sócrates (s. IV a. C.) enseñó que sentir el máximo placer corporal constituye la meta de la vida, y que la felicidad es la suma total de los placeres gozados… (…) Epicuro difícilmente puede ser considerado un representante del tipo del hedonismo de Aristipo. Aunque para Epicuro el placer «puro» era la meta más elevada, para él este placer significaba «ausencia de dolor» (aponia) y tranquilidad del alma (ataraxia). Según Epicuro, el placer que significa la satisfacción de un deseo no puede constituir la meta de la vida, porque este placer necesariamente es seducido por algo no placentero, y esto aparta a la hundía de su metal real: la ausencia de dolor. 23

         El fracaso de la Gran Promesa, además de las contradicciones económicas esenciales del industrialismo, surgió junto con el sistema industrial debido a sus dos principales premisas psicológicas: 1) La meta de la vida es la felicidad; ese es, el máximo de placer, que se define como la satisfacción de todo deseo o necesidad subjetiva que una persona pueda tener (hedonismo radical);  2) El egotismo, el egoísmo y la avaricia, que el sistema necesita fomentar para funcionar, producen armonía y paz. 22

         La teoría de que la meta de toda vida es satisfacer todos los deseos humanos fue francamente proclamada, por primera vez desde Aritipo, por los filósofos de los siglos XVII-XVIII. Este concepto pudo surgir fácilmente cuando «ganancia» dejó de significar «ganancia del alma» (Como en la Biblia, y más tarde en Espinoza) y llegó a significar ganancia material, económica,… 24

         La Mettrie hasta recomendaba las drogas, que por lo menos ofrecían la ilusión de la felicidad. 24

         El egoísmo se relaciona no sólo con mi conducta, sino con mi carácter. Significa que lo deseo todo para mí; que poseer y no compartir me da placer; que debo ser avaro, porque mi meta es tener, y que más soy cuanto más tengo; que debo sentir antagonismo a todos mis semejantes: a mis clientes a los que deseo engañar, a mis competidores a los que deseo destruir, a mis obreros a los que deseo explotar. Nunca puedo quedar satisfecho, porque mis deseos no tienen límite; debo envidiar a los que tienen más, y temer a los que tienen menos, pero debo reprimir estos sentimientos para presentarme (ante los otros y ante mí mismo) como el individuo sonriente, sincero, amable que todos simulan ser. 25

         Mientras todo el mundo desee tener más, se formarán clases, habrá guerra de clases, habrá una guerra internacional. La avaricia y la paz se excluyen mutuamente. 25

        El hedonismo radical y el egoísmo ilimitado no habrían surgido como principios orientadores de la conducta económica de no haber ocurrido un cambio radical en el siglo XVIII. Anteriormente la conducta económica estuvo determinada por los principios éticos.  27

         Hoy día la gente se siente atraída por los objetos mecánicos, por el poder de las máquinas, por lo que no tiene vida, y cada vez más por la destrucción. 27

         La necesidad de un profundo cambio humano no sólo es una demanda ética o religiosa, ni sólo una demanda psicológica que impone la naturaleza patógena de nuestro actual carácter social, sino que también es una condición para que sobreviva la especie humana. 28     

         La orientación de tener es característica de la sociedad industrial occidental, en que el afán de lucro, fama y poder se han convertido en el problema dominante de la vida… El hombre moderno no puede comprender el espíritu de una sociedad que no esté centrada en la propiedad y en la codicia.  36:

         La misma esencia de ser consiste en tener; y si el individuo no tiene nada, no es nadie. 33

         La idea de ser implica un cambio, significa devenir, y tiene su dos representantes más grandes y más firmes en el inicio en el cenit de la filosofía occidental: en Heráclito y en Hegel. 41

         Consumir es una forma de tener, y quizá la más importante en las actuales sociedades industriales ricas. Consumir tiene cualidades mágicas: alivia la angustia, porque lo que tiene el individuo no se lo pueden quitar; pero también requiere consumir más, porque el consumo previo pronto pierde su carácter satisfactorio. 43

         En el modo de ser, la fe no consiste, en primer término, en creer en ciertas ideas (aunque también puede serlo), sino en una orientación interior, en un actitud. Mejor sería decir que se está en la fe y no que se tiene fe. Se puede estar en la fe hacia uno mismo y en los otros, y la persona religiosa puede estar en la fe  en Dios. El Dios del AT es, ante todo, una negación de los ídolos de los dioses que podemos tener. En el desarrollo judío y cristiano, se intentó eliminar totalmente la idolatría a Dios, o luchar con el peligro de la idolatría postulando que ni aun las cualidades de Dios pueden formularse. O más radicalmente en el misticismo cristiano el concepto de Dios tiende a ser el del Único, la «Divinidad» (la no-cosa),…. Esta fe en Dios se ve confirmada por la experiencia interior de las cualidades divinas que existen en uno mismo; en un proceso continuo, activo, de una creación de sí mismo, o como dice el Maestro Ekchart: de Cristo que eternamente renace en nosotros. La fe en mí mismo, en los demás, en la humanidad, en nuestra capacidad de llegar a ser plenamente humanos, también implica certidumbre, pero basada en mi experiencia, y no en mi sumisión a una autoridad que impone una creencia dada. Es la certidumbre de una verdad que no puede demostrarse con una evidencia racionalmente concluyente; sin embargo es una verdad de la que estoy seguro debido a mi evidencia subjetiva, experiencial. (La palabra hebrea que designa fe es «emunah»  -certidumbre-; «amen» significa ciertamente) 56

          Mi certidumbre se basa en mi conocimiento profundo de los otros y en mi experiencia del amor y de la integridad. Este tipo de conocimiento sólo  es posible en el grado en que pueda librarme de mi ego y ver a los toros hombres en su mismidad, reconocer la estructura de sus poderes, verlos en su individualidad y al mismo tiento en su humanidad universal. Esta fe se basa en hechos, por consiguientemente racional; pero los hechos no pueden reconocerse ni «demostrarse» según el método de la psicología positivista convencional; yo, la persona viva, soy el único instrumento que puede «registrarlos». 57

           La dificultad no reside en el matrimonio, sino en la posesiva estructura existencial de los esposos y, en último análisis, de su cscoiedad. Los partidarios de tan modernas formas de unión como él matrimoio de grupo, el cambio de pareja, el sexo en grupos, etc., hasta donde puede advertir sólo tratan de evitar su dificultad de amar y aliviar el aburrimiento con estímulos siempre nuevos y tratan de tener «amantes», aunque no sean capaces de amar a nadie. 59

         Uno de los temas principales del AT es: deja lo que tienes; libérate de todas las cadenas, sé tu mismo. 60

         Los primero cristianos principalmente eran un grupo de pobres despreciados por la sociedad, de oprimidos y parias, quienes (como algunos profetas del AT) condenaban la riqueza y el poder y denunciaban inflexiblemente la riqueza y el poder secular sacerdotal como males absoluto. 64

         Para san Basilio, como para los otros Padres de la Iglesia el propósito de todos los bienes materiales era servir a la gente; esta cita es característica suya: «Al que se apodera del vestido de otra persona se le llama ladrón; pero el que no viste al pobre y puede hacerlo, ¿no merece el mismo nombre?» 68.

         En el mundo de la existencia de tener, no importa que objetos tenemos, sino toda la actitud humana. Cualquier cosa puede convertirse en objeto de la codicia: las cosas que usamos en la vida diaria, las propiedades, los ritos, las buenas acciones, el conocimiento y los pensamientos. No son el sí «malos», pero se vuelven malos cuando nos aferramos a éstos, cuando se vuelven cadenas que afectan nuestra libertad e impiden nuestra realización. 72

         En el modo de tener, no hay una relación viva entre mi yo u lo que tengo. Las cosas y yo nos convertimos en objetos, y yo las tengo, porque tengo poder para hacerlas mías; pero también existe una relación universal: las cosas me tienen, debido a que mi sentimiento de identidad, o sea, de codura, se apoya en que yo tengo cosas (tantas como me sea posible). El modo de existencia de tener no se establece mediante un proceso vivo, productivo, entre el sujeto y el objeto; hace que objeto y sujeto sean cosas. Su relación es de muerte, no de vida. 83-84

         Parece que lo tengo todo, pero (en realidad) no tengo nada, ya que tener, poseer, dominar un objeto es sólo un momento transitorio en el proceso de vivir. 83

         La libertad no es «laissez-faire» ni arbitrariedad. Los seres humanos tienen una estructura específica (como todas las otras especies) y sólo pueden crecer según las normas de su estructura. 86.

         En el modo tener, nuestra felicidad depende de nuestra superioridad sobre los demás, de nuestro poder, y en último término, de nuestra capacidad para conquistar, robar y matar. En el modo de ser, la dicha depende de amar, compartir y dar. 86

         En la sociedad contemporánea, desde el s. XVII, la «historia» y «el futuro» se han vuelto sustitutos del cielo cristiano: la fama, la celebridad, y hasta la publicidad (cualquier cosa que parezca garantizar una nota de pie de página en los archivos de la historia) constituyen un pedazo de inmortalidad. El anhelo de fama no es solo vanidad secular: tener una carácter «religioso» para los que no creen en el tradicional más allá. 88

         Freud considera que la persona exclusivamente preocupada por tener y poseer es neurótica: mentalmente enferma; por consiguiente, si la mayoría de los miembros de una sociedad tiene carácter anal, se trata de una sociedad enferma. 89.

         La opinión freudiana de que la orientación predominante en la posesión ocurre en le periodo anterior al logro de una plena madurez, y se vuelve patológica si continúa permanentemente. 89

         Lo que realmente importa es que sean erradicados el lujo y la pobreza; la igualdad no debe significar la igualdad cuantitativa de cada briaza de bienes materiales, sino que el ingreso no sea tan diferente que produzca distintas experiencias vitales en grupos distintos. 90

         …la existencia humana requiere que tengamos, conservemos, cuidemos y usemos ciertas cosas para sobrevivir. (…) Esta forma de tener puede denominarse «existencial» porque está enraizada en la existencia huma. Es un impulso racionalmente dirigido a sobrevivir, en contraste con el tener caracterológico al que nos hemos referido hasta ahora, que es un impulso apasionado por conservar y retener, que no es innato, sino que se ha desarrollado como consecuencia de la repercusión de las condiciones sociales sobre la dotación biológica de la especie humana. 90

         Sólo  en el grado en que abandonemos el modo de tener, que es el de no ser (o sea, que dejemos de buscar la seguridad y la identidad aferrándonos a los que tenemos, «echándonos» sobre ello, aferrándonos a nuestro ego y a nuestras posesiones) puede surgir el modo de ser. Para «ser» se requiere renunciar al egocentrismo y al egoísmo, o en las palabras que a menudo usan los místicos: debemos «vaciarnos» y volvernos «pobres». 92

         Pero la mayoría encuentra demasiado difícil encunar a la orientación de tener; todo intento de hacerlo les produce una inmensa angustia, y sienten que encunar a toda seguida es como i los arrojaran al océano y no supieran nadar. 92

         En la actividad no alienada, yo siento ser el sujeto de mi actividad. La actividad no alienada consiste en dar a luz algo, en producir algo y permanecer vinculado con lo que se produce. Esto también implica que mi actividad es una manifestación de mis poderes, y que yo, mi actividad y el resultado de esta son lo mismo. 94

         Las personas productivas animan lo que tocan. Hacen surgir sus propias facultades, y dan vida a las personas y a las cosas. 95

         El inconsciente básicamente está determinado por la sociedad, que produce las pasiones irracionales y  ofrece a sus miembros varios tipos de ficciones, y así hace que la verdad quede prisionera de las supuestas racionalidad. 100

         Los seres humanos sentimos un deseo inherente y profundamente arraigado de ser: expresa nuestras facultades, ser activo, relacionarnos con otros, escapar de la prisión del egoísmo. 102

         Encontramos la manifestación de la voluntad de dar en los que aman genuinamente. «El amor falso», o sea el egoísmo mutuamente compartido, nos hace más egoístas. El amor genuino aumenta la capacidad de amar y de dar a los demás. El verdadero amante, en su amor a una persona específica, ama a todos el mundo. 104

         La frecuencia y la intensidad del deseo de compartir, de dar y sacrificarse no son tan sorprendentes si consideramos las condiciones de la existencia de la especie humana. Lo sorpréndete es que eta necesidad se haya reprimido tanto que el egoísmo se ha vuelto la regla en las sociedades industriales (y en muchas otras), y la solidaridad, la excepción; pero paradójicamente, este mismo fenómeno es causado por la necesidad de unión. Una sociedad cuyos principios son la adquisición, el lucro y la propiedad produce un carácter social orientado a tener, y después de que se establece la pauta dominante, nadie desea ser un extraño, o un paria; para evitar este riesgo, todo el mundo se adapta a la mayoría, que sólo tiene en común el antagonismo mutuo. 107-8

         La angustia y la inseguridad engendradas por el peligro de perder lo que se tiene no existen en el modo de ser. Si yo soy lo soy, y no lo que tengo, nadie puede arrebatarme ni amenazar mi seguridad y mi sentimiento de identidad. 110-111

         La experiencia de amar, de gustar, de gozar de algo sin desear tenerlo… Desde luego, no es fácil para el Hombre moderno occidental sentir placer independientemente  del tener. 111

         El ejemplo más pertinente de gozar sin la codicia de tener lo que se disfruta, puede encontrarse en las relaciones interpersonales. Un hombre y una mujer pueden disfrutar mutuamente en muchos terrenos; cada uno puede gozar con las actitudes, los gustos, las ideas, el temperamento y toda la personalidad del otro. (…) Goce mutuo habitualmente les produce el deseo de la posesión sexual. Los que se encuentran en el modo de ser pueden disfrutar de la otra persona, y aun sentirse atraídos eróticamente, pero no deben ser «tomados» para gozarse. 112

         Los elementos básicos en la relación entre los individuos del modo de existencia de tener son la competencia, el antagonismo y el temor. (…) La codicia es el producto de la orientación de tener. Puede ser la codicia del avaro o la codicia del ansioso de lucro o la codicia del cazador de mujeres o de hombre. 113

         El dicho «Después del coito el animal se siente triste» («Post coitum animal triste est») expresa el fenómeno del sexo sin amor, que es una «cumbre de la experiencia», de la excitación intensa, y por consiguiente de la emoción y el placer, y necesariamente va seguido de una desilusión, porque termina. La alegría por el sexo sólo se siente cuando la intimidad física es al mismo tiempo la intimidad del amor. 117

         Alfons Auer ha hecho hincapié muy sucintamente en que el concepto de autoridad, de desobediencia y de pecado de Santo Tomás de Aquino es humanista; o sea, el pecado no consiste en desobedecer a la autoridad de irracional, sino en ir contra el bienestar humano. Así, Santo Tomás afirmó: «A Dios no podemos ofenderlo, a menos que actuemos contra neutro propio bienestar» (S. c. Gent. 3,122). Para apreciar esta posición, debemos considerar que para Santo Tomás de Aquino el bien humano (bonum  humanum) o está arbitrariamente determinado por deseos puramente subjetivos, ni por deseos instintivamente dados («naturales» en el sentido estoico), ni por la voluntad arbitraria de Dios. Está determinado por nuestra compresión racional de la naturaleza humana y de las normas que, basadas en esta naturaleza, fomentan nuestro desarrollo y bienestar óptimos. 120-1

       Orígenes dijo: «Donde hay pecado hay diversidad; pero donde reina la virtud hay singularidad, hay unidad». Máximo el Confesor dijo que por el pecado de Adán la especie humana «que debía ser un todo armonioso, sin conflictos entre la tuyo y lo mío, se transformó en una nube de polvo de individuos». 122

         Sólo hay una manera (que enseñaron Buda, Jesucristo, los estoicos, el Maestro Eckhart) de superar la verdaderamente el temor a la muerte, y consiste en no aferrarse a la vida ni experimentarla como una posesión. 124

         Los impulsos «religiosos» aportan la energía necesaria para mover a hombre y mujeres a realizar un radical cambio social; que por ello, sólo puede crearse una nueva sociedad si ocurre un cambio profundo en el corazón humano, si un nuevo objeto de devoción toma el lugar del actual. 131

         El hombre puede rendir culto a animales, árboles, ídolos de oro o de piedra, un Dios invisible, un santo o un jefe diabólico, sus antepasados, su nación, su clase o su partido, el dinero o el existo. Su religión  puede conducir al desarrollo de la destructividad o del amor, de la dominación o de la solidaridad; puede fomentar su capacidad de pensar o paralizarla (…). El dilema no es ¿religión o no religión? sino  ¿qué tipo de religión? ¿Es algo que fomenta el desarrollo humano, los poderes humanos específicos, o que los paraliza? 133

         Nuestra actitud religiosa puede considerase un aspecto de nuestra estructura de carácter, porque somos aquello a lo que nos consagramos, y a lo que nos consagramos en lo que motiva nuestra conducta. 133

         La necesidad religiosa está enraizada en las condiciones básicas de la existencia de la especie humana. 133

         Sus instintos (a los animales) les ofrecen un mapa y también metas; pero ya que nosotros  no somos determinados por los instintos y tenemos un cerebro que nos permite pensar en mucha direcciones a donde podemos ir, necesitamos un objeto de devoción total, un punto para enfocar todos nuestros esfuerzos y una base para nuestros valores efectivos, y no sólo declarados. Necesitamos ese objeto de devoción para dirigir nuestra energías en una dirección, para trascender nuestra existencia aislada, con todas sus dudas e inseguridades, para satisfacer nuestra necesidad de darle sentido a la vida.  135

         Las características del mártir consisten en ser, dar, compartir; las del héroe son tener, explotar, violar. (..) La Ilíada de Homero es una descripción magníficamente poética de conquistadores y ladrones glorificados. 138

         El éxito depende de gran parte de que las personas se vendan bien en el mercado, de que puedan imponer sus personalidades, de que sean un buen «paquete». 143

         La meta del carácter mercantil es la adaptación completa, ser deseable en todas las dociones del mercado de personalidades. Las personas con carácter mercantil no tienen ego (como la tenía a la gente del siglo XIX) para aferrarse a él, que el pertenezca y que no cambie, consta mente cambian su ego según el principio: «Yo soy como tú me deseas»  143

         Los que tienen una estructura de carácter mercantil carecen de metas, excepto estar activos, actuar con la mayor eficacia. 143

         El carácter mercantil no ama ni odia. 144

         Como los caracteres mercantiles  no sienten un afecto profundo por sí mismos ni por los demás, no les importa nada, (…) porque sus relaciones con los demás y con ellos mismos son muy débiles. 144

         Quizá les importa el prestigio y la comodidad que les ofrecen las cosas, pero éstas en sí no tienen sustancia. Son totalmente desechables, juntos con sus amigos o amantes, que también son desechables, ya que no hay ningún vinculo profundo con ellos. 144

         Como las emociones no se cultivan ni se necesitan, sino que constituyen un estorbo para el funcionamiento óptimo, permanecen sin desarrollo y no maduran más allá del nivel infantil. 145

         La «religión cibernética» del carácter mercantil corresponde a esa estructura total de carácter. Oculta tras la fachada del agnosticismo o del cristianismo se encuentra una religión totalmente pagana, pero el individuo no está consciente de ello. (…) A primera vista lo más sorprendente es que el Hombre se ha convertido en un dios, porque ha adquirido capacidad técnica para realizar «una segunda creación» del mundo, que remplaza a la primera creación realizada por el Dios de la religión tradicional; también podemos formular esto así: hemos convertido las máquinas en dioses, y nos hemos vueltos divinos sirviendo a las máquinas. Poco importa la fórmula que elijamos; lo importante es que los humanos, en un estado de absoluta impotencia real, se imaginan omnipotentes en su relación con la ciencia y la técnica. 147

         Una meta «utópica» es más realista que el «realismo» de los dirigentes políticos actúeles. La creación de una nueva sociedad y de un nuevo Hombre sólo es posible si los antiguos estímulos del lucro, el poder y el intelecto son reemplazados por otros nuevos: ser, compartir, comprender; si el carácter mercantil es remplazado por el carácter productivo y amoroso; si la religión cibernética se remplazada por un nuevo espíritu radical y humanista. 188      

         La cultura medieval tardía floreció por que el pueblo tenía la visión de la Ciudad de Dos. La sociedad moderna floreció porque el pueblo recibió energías de la visión del establecimiento de una Ciudad Terrenal del Progreso. Sin embargo, en nuestro  siglo, esta visión se ha deteriorado y se ha convertido en una Torre de Babel, que hoy día empieza a derrumbarse, y a la postre nos sepultará bajo sus ruinas. Si la Ciudad de Dios y la Ciudad Terrenal fueron tesis y antítesis, una nueva síntesis de la esencia espiritual del mundo medieval tardío y el desarrollo de un pensamiento racional y científico renacentista. Esta síntesis es: la Ciudad de Ser. 188-9.

 

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[1] Fondo de Cultura Económica, Madrid, 1986.

 


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