Cuando el Cordero abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo, como una media hora…(Ap 8,1).
Tras esa expectación sobrecogedora, sucederá lo que siguiente:
Entonces a los siete Ángeles que están en pie delante de Dios; les fueron entregadas siete trompetas (Ap 8,2).
Las trompetas entrarán en juego, por tres días. Las siete temibles trompetas serán tocadas, anunciando plagas y acontecimientos horrorosos que devastarán la tierra y mermarán su población. Las trompetas coinciden y quedan más explicitadas con el derramamiento de las igualmente espantosas siete copas.
A los creyentes fieles no les afectará:
Sólo a los hombres que no llevaran en la frente el sello de Dios (Ap 9,4b).
Pese a estos luctuosos y dramáticos fenómenos, que castigaran -el Gran Día de su cólera- a la humanidad pervertida buscando su conversión:
Los demás hombres, los no exterminados por estas plagas, no se convirtieron de las obras de sus manos; no dejaron de adorar a los demonios y a los ídolos de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, que no pueden ver ni oír ni caminar. No se convirtieron de sus asesinatos ni de sus hechicerías ni de sus fornicaciones ni de sus rapiñas. (Ap 9,20-21).
Las trompetas coincidirán con los «tres días de oscuridad».
Y llegará el último toque del septenaria de trompetas:
Tocó el séptimo Ángel… Entonces sonaron en el cielo fuertes voces que decían: «Ha llegado el reinado sobre el mundo de nuestro Señor y de su Cristo; y reinará por los siglos de los siglos.» Y los veinticuatro Ancianos que estaban sentados en sus tronos delante de Dios, se postraron rostro en tierra y adoraron a Dios diciendo: «Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, “Aquel que es y que era” porque has asumido tu inmenso poder para establecer tu reinado. (Ap 11,15-17).
El Señor Jesucristo asume su poder y viene a la tierra a tomar posesión de lo que le pertenece desde siempre y especialmente tras el derramamiento de su sangre en la cruz.
Entonces vi el cielo abierto, y había un caballo blanco: el que lo monta se llama «Fiel» y «Veraz»; y juzga y combate con justicia. Sus ojos, llama de fuego; sobre su cabeza, muchas diademas; lleva escrito un nombre que sólo él conoce; viste un manto empapado en sangre y su nombre es: La Palabra de Dios. Y los ejércitos del cielo, vestidos de lino blanco puro, le seguían sobre caballos blancos. (Ap 19,11-14).
Entonces, en el tercer día de los tres días de oscuridad (que se corresponden con los 7 sellos), tendrá lugar el Harmaguedón:
Y vi que de la boca del Dragón, de la boca de la Bestia y de la boca del falso profeta, salían tres espíritus inmundos como ranas. Son espíritus de demonios, que realizan señales y van donde los reyes de todo el mundo para convocarlos a la gran batalla del Gran Día del Dios Todopoderoso. (Mira que vengo como ladrón. Dichoso el que esté en vela y conserve sus vestidos, para no andar desnudo y que se vean sus vergüenzas). Los convocaron en el lugar llamado en hebreo Harmaguedón. (Ap 16,13-16).
Vi entonces a la Bestia y a los reyes de la tierra con sus ejércitos reunidos para entablar combate contra el que iba montado en el caballo y contra su ejército.(Ap 19,19).
Y el Señor de la Historia, el Cordero Salvador del mundo, reivindicará su Reinado, junto a los suyos:
El Cordero, como es Señor de Señores y Rey de Reyes, los vencerá en unión con los suyos, los llamados y elegidos y fieles. (Ap 17,14).