El pan vivo

El año pasado por el Corpus Christi comenzábamos el articulo «El pan de vida» de esta manera:

Según el evangelio de hoy (Jn 6,44-51), Jesús dice de sí: «Yo soy el pan de vida«, «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.» Son palabras inimaginables… Solo a Dios se le puede ocurrir algo así.  Es el don de sí, en quien la vida se sustenta, ahora y para siempre.

El evangelio de este año es la continuación de aquel: Juan 6,51-58. Hay que leerlo, releerlo, lentamente, dejándose penetrar y empapar por la Palabra y el Espíritu Santo.

Lo primero que se siente tras leerlo es la contundencia y rotundidad de lo que Jesús expresa. Nadie jamás ha hablado así, con tanta firmeza, osadía y autoridad: por la forma y el contenido. Después de esto, nadie que crea -nos pensamos en los protestantes- puede dudar de la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

Ante el Cuerpo Eucarístico de Cristo nos jugamos todo: Él es la Vida. En tan breve texto se repite el sentido del término constantemente (pan vivo, vivirá, vida del mundo, vida en vosotros, vida eterna, Padre que vive, vivo por el Padre,  vivirá por mí, vivirá para siempre).

Cundo se cree verdaderamente en estas palabras de Jesucristo, cualquier otra noticia o verdad palidecen, pues Su Pan lo es todo: es la Vida, la Vida Eterna.

Lectura del santo evangelio según san Juan (6,51-58):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»
Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

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