
Esta es una noticia sería y, por lo que apunta, grave y hasta muy grave: Cerca del 50% de los jóvenes españoles no cree que se casará y la mitad de los que se casen se divorciarán[1]. Esto va a cambiar muchas cosas; ya lo está haciendo.
Y de los que se casen, sólo el 20% será por la iglesia. Hace poco más de 50 años en España todos, el cien por cien, se casaba sacramentalmente; hoy día, tan sólo 2 de cada 10, es decir, el 20%.
De modo que de aquel 100% que se ha pasado al se ha pasado al 50%, en general, y de éste al 20% por la Iglesia, y si de estos de rompen la mitad, el 50%, ¿en qué nos quedamos de matrimonios existentes? Y si de los matrimonios eclesiásticos son muchos menos los que se divorcian, ¿qué matrimonio civil se queda en pie?
A este ritmo, en Occidente, todo apunta, como se está viendo, y más claramente en Inglaterra, avanzadilla de tantas cosas progres, que los matrimonios en un futuro no muy lejano (3 ó 4 décadas) que desaparezcan, para que la pareja convivan en cohabitación.
Este planteamiento de las relaciones o vínculos lo que trae consigo varias cosas:
Una inestabilidad que provoca la fragilidad del vínculo; una falta del compromiso grande, de entrega total, de la calidad del amor; un quebranto de la institución de la familia, que es tan volátil y susceptible de romperse en cualquier momento, a la vez que se pase a encadenar formaciones de familias, con lo que supone para los diferentes miembros de las mismas (hijos y la diversidad hasta compleja de parientes). En conclusión: las familias tan desestructuras, la condición de soltero vocacional, la falta de hijos (hoy en los hogares ya hay más perro que hijos), etc., lleva a un cambio de paradigma, donde el amor (fuerte) quedará bajo sospecha, es decir, habrá una merma del mismo, quedando al servicio y reducción al periodo de enamoramiento centrado en las entusiásticos encuentros sexuales del comienzo de la relación, decayendo luego; y lo dramático que supone la práctica desaparición de la familia (fuerte) tradicional, con un entrelazado de parientes. En definitiva, todo esto trae el individualismo, la persona expuesta a la intemperie, a la soledad, a la precariedad en lo más grande que lo constituye, el amor. Y, en fin, con un sujeto así, la posibilidad de otros males, como por ejemplo, de pérdida de -paradójicamente- de libertad, siendo susceptible de manipulación, por la futilidad existencial, por lo relativo y fluido que se vuelve todo, sometido a la inmediatez y a los poderes capaces de crear «estados paradisiacos» de instantes de placeres, de bienestar, de seguridad, etc.; desolado y sin familia ni amor, se verá solícito ante la figura protectora del «Gran Hermano», que lo «amparará» de todo, desde el nacimiento hasta la tumba.
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¿Por qué en España se rompen casi 7 de cada 10 matrimonios?
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[1] Según el último informe ‘Transformación y crisis de la institución matrimonial en España’, elaborado por el Observatorio Demográfico CEU (con datos del INE y Eurostat), adscrito al Centro de Estudios, Formación y Análisis Social (CEU-CEFAS).
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