El comunismo no es de fiar

Ya nos previno la Virgen en Fátima acerca del peligro de que el comunismo esparciera sus errores. Y en efecto, el comunismo ha causado grandes genocidios y ha contaminado, en mayor o menor medida, las culturas y el pensamiento de tantos pueblos y naciones -y cuanto queda aún- con un ateísmo materialista y hasta violento, sin llega el caso.

Si a esta ideología totalitaria y destructiva del espíritu humano, se une a un gigante descomunal, con una inmensa población, se puede convertir en una fuerza increíble y desaforada.

Hace unos meses el Vaticano y Pekín llegaron a un acuerdo sobre el nombramiento de los obispos. Pero según las noticias que de cuando en cuando nos vienen de China, los resultados prácticos no son satisfactorios. Las últimas noticias son que varios sacerdotes de la Iglesia «clandestina» fiel a Roma  -que se suman a otros que ya lo han hecho- abandonaron el ministerio por estar en desacuerdo con la Asociación Patriótica, que sigue operando a favor de una Iglesia «independiente» (de la Santa Sede) y a las ordenes del Partido Comunista Chino; unos días antes la diócesis china de Shantou despide su obispo anciano que siempre fue fiel a Roma para ser remplazado por otro obediente a la dictadura comunista china; a lo cual aquel se resistió y no participó en la celebración de la toma de posesión.

Todo apunta a que el Comunismo chino pretende edificar una Iglesia «autosuficiente», desligada de Roma, y que esté sometida a sus directrices. Mucho nos tememos que esta iglesia se conduce a una autonomía absoluta, ajea a la comunión eclesiástica. Ejemplo parecido a esto, ya lo tuvimos en el pasado con el anglicanismo.

Tal vez la Iglesia en su afán de estrechar lazos se expone generosa a la confianza de quien no lo merece, o séase, ideologías que se han demostrado antihumanas (y no digamos ya, anticristianas).

ACTUALIDAD CATÓLICA

 


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