Desde sus inicios de su pontificado es una constante el acoso al papa Francisco, pero últimamente se ha hecho brutal. Los ataques provienen de todos los frentes, de los próximos (fuego amigo) hasta de los tradicionales enemigos de la Iglesia.
En la mismísima actualidad: Entre los primeros: Sin esperar a las conclusiones del sínodo de la Amazonia, prebostes cardenales levantan voz aireando supuestos males y acusando de herejías. Y entre los segundo: la frívola declaración del periodista Scalfari, (que, según él, «se tiene por próximo -confidente- del Papa») de que el Francisco no cree en la divinidad de Jesús.
Esta grave afirmación del cofundador del diario La Repubblica, Eugenio Scalfari, periodista italiano de 95 años, de quien sus colegas saben que «muestra los síntomas de su avanzada edad», efectivamente tienen síntoma de estar gaga: de momento a nadie se le escapa de a un «supuesto amigo» no se le hace eso, una puñalada así, y porque según se dice no han sido palabras testimoniales sino, sino que representan una particular y libre interpretación. (Ah, y dicho de paso, Scalfari es un ateo libertario izquierdas).
Pero si esto, además de injusto e incorrecto en su forma y contenido, encuentra una resonancia notable en los medios, algunos de ellos (en su inconsciencia) lo aventan, haciendo tristemente el juego al Maligno. Pues no nos cabe la menor duda de que este enemigo, padre de la mentira, está detrás de todo esto.
En la pretensión de hundir la Barca de Pedro, el Maligno dirige sus principales ataques al piloto que la conduce. Pero ya lo dijo Cristo, que va en ella, en medio de la tempestad: «no tengan miedo». Y yerran gravemente -hasta la condenación-aquellos que «hacen la ola» a las fuerzas el mal, contribuyendo a su desestabilización.
Más valiera a muchos preguntarse si no estarán haciendo el papel de Judas, que nunca han faltado y faltaran, en la historia de Jesús y de su Iglesia.
Nosotros, Actualidad Católica, que hemos leído -y ahí tenemos publicadas en la página, vean la categoría de PAPA- más de un centenar de discursos y sermones, podemos afirmar con rotundidad que no hemos encontrado nada, ni una de sus miles y miles de líneas, que esté fuera de la ortodoxia de la doctrina católica.
Nosotros estamos con el Papa. Le tenemos por un don de Dios para la Iglesia.