Dios perdona siempre, pero…

Dios perdona siempre y salva a todo el mundo, pero esto no supone que su plasmación en un resultado absolutamente realizable en todas y cada una de las personas sin más.  Dios persona siempre, pero para que sea realmente efectivo, el perdonado ha de arrepentirse, aceptar el perdón y beneficiarse de la gracia del mismo para traducirse en un cambio, en una conversión que le lleve a tener una actitud distinta y un obrar diferente, según la voluntad divina. En otras palabras, Dios no puede contradecirse, es decir, respetar la dignidad de los seres humanos creados a su imagen y semejanza, y luego —aunque sea por su bien— prescindir del derecho atribuido, para imponerse sobre él, salvándole contra su voluntad. Si Dios nos trata como adultos, no pretendamos, pues, que nos meta en el cielo en brazos como si fuéramos bebes. Tenemos que poner de nuestra parte…

Esto se ve en varios lugares del Evangelio: además de en el «hijo pródigo, y sin ir más lejos, en el evangelio de la misa de hoy 30 de octubre:

Lectura del santo evangelio según san Lucas (19,1-10):

EN aquel tiempo, Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad.
En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí.
Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo:
«Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa».
Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento.
Al ver esto, todos murmuraban diciendo:
«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».
Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor:
«Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más».
Jesús le dijo:
«Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

Como el Padre del Hijo Pródigo que salía todos los días hasta un altozano para esperar con los brazos abiertos la llegada de su hijo, Jesús también toma la iniciativa se y contacta con Zaqueo pidiéndole una invitación: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa«. Y Zaqueo responde, poniendo de su parte, y se aproxima a Jesús: Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento. El Hijo Pródigo volvió arrepentido a la casa del Padre: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo” (Lc 15,19). Y Zaqueo le dijo a Jesús, como muestra de su arrepentimiento y conversión:«Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más».

Jesús ha venido a salvar a los pecadores, busca a la oveja perdida…  Dios es compasivo, tierno y misericordioso. Todo el que se acoge arrepiente y vuelve hacia Dios que le tienen sus brazos, recibe automáticamente su gracia santificadora. Ahora bien, quien no se arrepiente y cambia, se endurece y se aleja de Dios.

Un ejemplo, que hoy día en esto último se está viendo es el caso, de Joe Biden. La Iglesia en nombre de Dios ha de pedirle que se corrija (se arrepienta esa conduzca que escandaliza a muchos cristianos). No se puede acercar a la Comunión eucarística sin estar en gracia, es decir, arrepentido de lo que es un fragante pecado de fomentador del aborto. Por mucho que Dios se muestre entrañablemente misericordioso (y que Papa diga que este es un sacramento para pecadores…), primero hay que pasar por el sacramento de la Confesión o Penitencia. Jesucristo perdonó y salvó a la adultera de ser lapidada; pero no la dijo vete y sigue igual, sino «Vete, y en adelante no peques más.» (Jn 8,11).

Dios era y es tierno y bondadoso, clemente y misericordioso; pero ante quienes se resisten tiesamente y duramente orgullosa y soberbiamente. al Reino, Jesús se muestra contundentemente: a los fariseos le llama hipócritas y sepulcros blanqueados, etc., y a Herodes, lo califica zorro, y en su presencia al final, en la pasión, se mostro distante, en silencio, pues Herodes eran una piedra.

Y concluimos con lo que dice la bella primera lectura también de la misa de hoy, del libro de la Sabiduría (11,22–12,2), y que dice:

Señor, el mundo entero es ante ti como un grano en la balanza,
como gota de rocío mañanero sobre la tierra.
Pero te compadeces de todos, porque todo lo puedes
y pasas por alto los pecados de los hombres para que se arrepientan.
Amas a todos los seres
y no aborreces nada de lo que hiciste;
pues, si odiaras algo, no lo habrías creado.
¿Cómo subsistiría algo, si tú no lo quisieras?,
o ¿cómo se conservaría, si tú no lo hubieras llamado?
Pero tú eres indulgente con todas las cosas,
porque son tuyas, Señor, amigo de la vida.
Pues tu soplo incorruptible está en todas ellas.
Por eso corriges poco a poco a los que caen,
los reprendes y les recuerdas su pecado,
para que, apartándose del mal, crean en ti, Señor.

ACTUALIDAD CATÓLICA

 

 


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.