Da miedo la cristianofobia política en España

Nos tememos lo peor de la ancestral inquina y sempiterno resentimiento contra el catolicismo instalados por tanta leyenda negra en las entrañas de tantos españoles; ahora los políticos menos respetuosos y considerados con lo religioso han ascendido al poder.

Una de las certezas más dolorosas es que a la política no hay nada que la pare en sus propósitos. Hay ciertos políticos que no se detienen ante nada, y una vez en el poder lo ejercitan haciendo todo lo posible, sin rubor, atropellando cuanto haga falta, subvirtiendo voluntades (de jueces) y retorciendo las leyes,  hasta conseguir sus propósitos. Todo ello bajo una muy convincente apariencia de legalidad y con el respaldo de muchos medios, que comulgan con esos objetivos, por ideología o por intereses o por fobia a los contrarios; pero que sirven a la «causa» sin importar la verdad ni lo justo ni la patria.

Ante esto hay que echarse a temblar; sobre todo la Iglesia Católica, fácil víctima. Sus propiedades, su libertad, sus postulados, sus verdades, doctrina, su voz, su presencia pública, su prestigio, etc., se verán atacados; con el objetivo fundamental de silenciar la presencia del Dios cristiano, aunque sea sirviendo de la promoción de otras religiones o seudorreligiones.

Advirtiendo algo de esto, hace tres días en su primera Carta Pastoral del año 2020, el Arzobispo de Valencia, España, Cardenal Antonio Cañizares, ha hecho un llamamiento urgente a la oración por el país. Para el prelado, la construcción del futuro de la sociedad española depende de la fe de sus habitantes y de su súplica a Dios para frenar las tendencias secularizantes que amenazan la fe y la unidad del país.  Dijo: «Estamos en los comienzos de un nuevo Año y nos encontramos en España con una situación crítica, de verdadera emergencia de cara a su futuro. Muchísimo va a depender de lo que suceda estos días». «Lo que digo no es ni retórica ni dramatismo estéril. Es así y no hay que darle vuelta, hora crucial y de emergencia». «La situación urge y apremia. Para Dios nada hay imposible. Oremos con confianza a Dios. Oremos también en los hogares. Oremos con fe profunda y sencilla el Padre Nuestro donde se contiene todo lo que en estos momentos necesitamos».

Estas son actuaciones concretas contra el catolicismo en España que segura se den en estos próximos años:

  • Reducción de la educación concertada progresivamente, hasta dejarla en lago testimonial o sin importancia social. Quitar conciertos a la diferenciada.
  • Devaluar la clase de Religión.
  • La coacción a los grupos pro-vida, restringiendo sus acciones en defensa de la vida y contra el aborto. Aborto que será aún más despenalizado, y favoreciendo «el acceso a la anticoncepción de urgencia» (píldora del día después y similares, con efectos abortivos) y «a la interrupción voluntaria del embarazo de todas las mujeres, en el Sistema Nacional de Salud».
  • La ley por una eutanasia legalizada y constelada por el dinero público.
  • Una nueva desamortización (la cuarta; más de siglo después de la tercera); es decir, confiscar bienes de la Iglesia, bajo la argucia de la inmatriculación (indebidamente matriculados: propiedades sin que conste su inscripción en el Registro de la Propiedad antes de una fecha determinada) de templos, casas parroquiales, conventos, terrenos, etc.
  • Prohibición parcial de procesiones o manifestaciones públicas; retrasmisiones, como la misa de los domingos, en la 2ª cadena.
  • Revisión hasta la mínima expresión en Concierto con la Iglesia.
  • Aunque la Iglesia, ahorre al Estado mucho dinero, mucho más de lo que éste hace colaborando en la aportación de la voluntaria de la casilla de la X en la declaración de la renta.
  • Achantar a la Iglesia, a su clero, a que no haga declaración alguna en según qué tema, como el de la ideología de género, o tema que no guste su crítica, aplicando la ley subjetiva del odio. Aprobar «una Ley contra la Discriminación de las Personas LGTBI, incluyendo la prohibición a nivel nacional de las llamadas terapias de reversión».
  • Permitir cualquier pronunciación, representación (seudoartística), declaración, manifestación, etc., de cualquiera ente o persona, que afecte al honor o el respeto a lo sagrado.
  • Expulsión de los sacerdotes que asisten a los enfermos en los hospitales.
  • Etc., etc.  Y esto sin penar en lo que tengan entre ceja y ceja el grupo coaligado de Podemos, de raíz anarcocomunista.  

 

De la más de hora y media del discurso de investidura el ya Presidente Sánchez, tan solo dedicó al tema religioso unos segundos de nada, y para decir una algo así como una advertencia:  “En un Estado aconfesional no tiene sentido que ninguna confesión se sitúe por encima de la ley ni disfrute de privilegios que hieran el principio de legalidad y el principio de igualdad. Por esa razón, el Gobierno realizara las modificaciones legislativas oportunas para facilitar la recuperación de los bienes que hayan sido indebidamente inmatriculados por la Iglesia”.

 

 

Texto de la  Carta del cardenal Cañizares

Estamos en los comienzos de un nuevo Año y nos encontramos en España con una situación crítica, de verdadera emergencia de cara a su futuro. Muchísimo va a depender de lo que suceda estos días. Lo que digo no es ni retórica ni dramatismo estéril. Es así y no hay que darle vuelta, hora crucial y de emergencia.

La semana pasada hablaba con un señor muy importante de España, de gran sabiduría, lucidez y experiencia: ¿Qué podemos y debemos hacer los cristianos, la Iglesia, nuestra diócesis? ¿Qué necesita la Iglesia para y en este Año nuevo? ¿Qué cabe aconsejar a la Iglesia en los momentos que vivimos en este Año que acabamos de comenzar? Ésta pregunta le hacía a este señor muy importante de España y me respondía con toda sinceridad y sentido católico de la vida: «Sencillamente, que sea Iglesia y que nos anuncie y testimonie a Jesucristo, en obras y palabras, que es lo que necesitamos los hombres para que nos convirtamos a Él, para construir un mundo nuevo con hombres y mujeres nuevos, con mentalidad nueva, una España nueva, que esto cambiará el mundo y nuestra España».

Es verdad lo que este señor muy importante me decía, esto es lo que necesitamos en este nuevo Año. Es providencial que Dios haya querido que celebremos el Sínodo diocesano en Valencia para hacer, que Dios haga, de esta diócesis una diócesis evangelizada y evangelizadora.

Haríamos muy bien todos los cristianos valencianos ahondar, reavivar y fortalecer el conocimiento de Dios, Dios de misericordia, revelado en el rostro humano de Jesucristo, Hijo de Dios vivo. Harían muy bien los catequistas y profesores de Religión en adentrarse en este conocimiento vivo y profundizado, meditado, interiorizado, para avivar su experiencia de Dios y comunicarla en la catequesis o en la enseñanza religiosa. Haríamos muy bien los sacerdotes en interiorizar y afianzar este conocimiento a través del estudio sosegado, de la meditación y de la oración contemplativa, para predicar a Dios con palabras nuevas y vigorosas que brotan de la experiencia acrecida y renovada de Dios misericordioso.

Por mi parte, en medio del silencio de Dios que lacera nuestro mundo y nuestra cultura, mi ministerio en Valencia deseo y así lo pido- que consista principalmente en hacer resonar públicamente, a tiempo y a destiempo y con todos los medios a mi alcance, la palabra sobre Dios, hablar de Dios, como el sólo y único necesario, y pedir que volvamos a Él, exhortar a que centremos toda nuestra vida en Él, porque en Él está la dicha y la salvación que anhelamos. Que Dios me dé fuerzas para no cesar ni cansarme en este anuncio, que me conceda sabiduría y experiencia suya para no hablar de Él con palabras gastadas, sino con palabras vivas y verdaderas, que brotan de la oración, del encuentro con Él, del trato de amistad con Él que sabemos nos ama. Necesito orar, necesitamos orar, para tratar con Él y así conocerlo más, intimar con Él, tener experiencia cada día y cada instante renovada de Él y de su amor misericordioso.

Al comenzar este año 2020 invito a todos -sacerdotes, personas consagradas, fieles cristianos laicos- a escuchar en lo hondo del alma la llamada de Dios a conocerle mejor para amarle más y responderle con un gozoso «sí, Padre». Si perdemos el gusto por Dios, si la misma palabra «Dios» significa poco para algunos, si la pregunta «¿dónde está tu Dios?», que nos dirige una cultura despojada de la fe y unos acontecimientos que nos llenan de incertidumbre, llega a inquietarnos demasiado ¿no será porque hablamos poco con Dios? ¿Buscas «pruebas» de Dios? Reza con perseverancia. ¿Buscas fortaleza para una vida esperanzada y justa? Ora en lo escondido al Padre. Quien se encuentra de verdad con el Dios vivo, se pone en seguida en sus manos por la oración, que surge desde el fondo del alma como un impulso incontenible.

Que el año de gracia que hemos comenzado y la coyuntura concreta que vivimos en España sea un año en el que los fieles cristianos de Valencia y de todas las partes, cualquiera que sea nuestro estado y lugar en la Iglesia, avivemos nuestra vida de oración, para que se renueve y fortalezca nuestra experiencia de Él, para que así hablemos de Dios a un mundo tan necesitado de Él como la tierra reseca está necesitada del agua para que florezca en ella la vida. Nos urge y apremia avivar nuestro conocimiento y experiencia de Dios, Padre misericordioso, fortalecer nuestra fe en Él, acrecentar nuestra vida de oración. Pocas veces mejor que pensar en la oración, como al comienzo de un año nuevo, y en estos precisos apremiantes momentos en que se nos abren tantas expectativas, se agolpan tantas necesidades, se ponen ante nosotros tantas inquietudes, sufrimientos, gozos y esperanzas, y nos vemos como impulsados a levantar nuestros ojos a Dios en súplica esperanzada.

Al comenzar el año y en estas circunstancias de una manera más espontánea, desde todo ello, nos abrimos a la oración. De esta manera confesamos que sin Dios nada podemos hacer, que todas nuestras empresas nos las realiza Él y que nada verdaderamente digno podríamos llevar a cabo si no contamos con su amor y su gracia. Pedimos que todo comience en Él cómo en su fuente y que todo conduzca a Él como a su fin, que todo nos lleve a realizar su designio en favor de los hombres: designio de paz y no de aflicción, designio de amor y de felicidad, designio de luz y de verdad para todo hombre que viene a este mundo. Invocamos su santo Nombre y le rogamos que nos alcance y colme su copiosa bendición.

Es tiempo de oración. Ni la renovación y fortalecimiento de la Iglesia, ni la renovación y edificación de nuestra España serán posibles si no oramos. Todos debemos orar. Todos necesitamos volver al Señor, encontrarnos con Él, escucharle, tratar con Él, conocerle más y mejor, vivir la experiencia de su amor y de su cercanía, gozar de su gracia. No cesemos de orar. Es preciso, absolutamente necesario, como nos dice Jesús, «orar en todo tiempo y no desfallecer».

Por eso pido encarecidamente y me pongo de rodillas ante todos, que a partir de hoy, y en los días sucesivos mientras no se aclare el futuro incierto que vivimos ahora en España, que en todas las Iglesias se ore por España, que se eleven oraciones especiales por España, que en todas las Misas se ore por España, en los conventos de vida contemplativa se ore intensamente por España. La situación urge y apremia. Para Dios nada hay imposible. Oremos con confianza a Dios. Oremos también en los hogares. Oremos con fe profunda y sencilla el Padre Nuestro donde se contiene todo lo que en estos momentos necesitamos.

No me cansaré de recordar y renovar, una y otra vez mi invitación a orar. Es la invitación más importante que os puedo hacer, el mensaje más esencial, máxime en estos tiempos de secularización y de eclipse de Dios. El olvido de la oración es olvido de Dios; y el olvido de Dios es olvido del hombre. Necesitamos orar para acercarnos al hombre, a todo hombre, a la persona humana y encontrar el bien común, conforme a la voluntad de Dios. Es la oración la garantía de humanización de nuestro mundo, de nuestra España porque es la garantía de la recuperación de lo humano y del bien común que sólo en Dios encuentra su fundamento y su verdad.

Dijimos los Obispos españoles, hace años en una Instrucción pastoral: «Dios es Amor», «Como la caridad es criterio de la autenticidad de la oración, animando a la oración estamos llamando también a una vida de verdadera solidaridad, de comunión en la Iglesia y de comunión con todos, en particular, con los excluidos y necesitados. Porque… la oración nos convierte al Dios de la misericordia. Jesucristo ora por el testimonio de unidad entre los suyos, vital para suscitar la fe: »que ellos también sean uno en nosotros para que el mundo crea (Jn 17, 21) y nos pide que brillen nuestras buenas obras para que el Padre sea glorificado (cf. Mt 5,16).

OS LO REPITO: ORAD POR ESPAÑA. ¡Gracias a todos!

 

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