Mirjana, vidente en Medjugorje: «Puedo decir esto: Nuestra Señora está pensando cambiar el mundo» El día de Navidad de 1982, Mirjana Soldo (Dragicevic antes de su matrimonio con Marko Soldo, con quien tiene dos hijas) recibió de la Virgen María diez secretos que debe custodiar hasta el momento de darlos a conocer. Conciernen al futuro de la humanidad, como explica en Mi Corazón triunfará (LibrosLibres), su testimonio y memoria de las apariciones, un libro recién publicado en España, que a lo largo de 314 páginas desvela datos y hechos desconocidos sobre los hechos que tienen lugar en dicha ciudad Bosnia desde 1981.
Esa revelación fue uno de los momentos más conmovedores para ella, porque la contrapartida de ser la primera de los seis videntes de Medjugorje en recibirlos fue ser también la primera en dejar de recibir las visiones diarias. He aquí un extracto del relato, contenido en el Capítulo XIV de Mi Corazón triunfará (los ladillos son de ReL): «El 23 de diciembre de 1982, Nuestra Señora se me apareció como de costumbre y, como siempre, fue una bonita experiencia que llenó mi alma de alegría. Pero hacia el final, me miró con ternura y dijo: ‘El día de Navidad me apareceré a ti por última vez‘. Diez secretos »Nuestra Señora me dio también un regalo precioso. Me dijo que se me aparecería una vez al año, el 18 de marzo, durante el resto de mi vida. El 18 de marzo es mi cumpleaños, pero Nuestra Señora no eligió ese día por esta razón. Para ella mi cumpleaños no es diferente al de cualquier otra persona. Sólo cuando las cosas contenidas en los secretos empiecen a suceder el mundo entenderá por qué eligió el 18 de marzo. El sentido de la fecha será claro. También me dijo que tendría algunas apariciones adicionales. Un dolor insoportable El pergamino Confianza Mirjana vio a la Virgen diariamente durante más de un año, como los otros cinco videntes. »Mi deseo de ver a Nuestra Señora era tan fuerte que al final decidí intentar dibujarla. Cada artista tiene un ámbito y el mío siempre había sido el retrato de chicas y mujeres. Si pudiera capturar un poco, sólo un poco, de su belleza en un papel, entonces al menos tendría algo que mirar fijamente en su ausencia. Saqué mi material de dibujo e hice un boceto de su contorno, su vestido, sus brazos extendidos, e incluso los largos mechones de pelo negro que se asomaban por debajo de su velo. Pero cuando intenté dibujar su rostro, no parecía ella. Lo intenté varias veces, pero mi decepción crecía con cada intento fallido. ¿Por qué no podía hacerlo? (…) »Si nuestra Madre ha prometido vencer el mal, entonces ¿qué hemos de temer? |
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