
El día de la ira (Dies Irae) es una profecía incontestable. Está recogida en la Palabra de Dios y en las revelaciones privadas en numerosas veces y formas. Es una realidad que no hay que soslayar, aunque haya argumentos tratando de acallarla, como el de no meter miedo a la gente, anunciando calamidades. El hecho es de tal magnitud y trascendencia por sus gravísimas consecuencias para todo el mundo que cuanto se haga en avisar…, en señalarlo, en elevar la voz por anunciarlo, será siempre poco. Por ello, por amor a la humanidad, para evitar el riesgo evidente de que muchas personas dramáticamente se pierdan para la eternidad, en esta página no nos cansaremos de advertir sobre esta verdad; aunque nos cueste la desaprobación de algunos lectores. Ladraremos con insistencia para que nos se nos tache de perros mudos, que llega el ladrón y se callan.
Este término de la «ira de Dios», parece desagradable al oído y que empaña la imagen del Dios Padre misericordioso, e incluso es poco usado o significativo en ambientes católicos; se da más bien en países protestantes. En el ambiente católico «se habla» de castigo, y con reservas, pues la gente huye del miedo como el gato de agua escaldada, y eso de hablar de peligros… resulta antipático y, cuando no, repulsivo. Por ello, se prefiere en la Iglesia católica, mirar para otra parte a la hora de tocar este tema del «cabreo de Dios ante una humanidad que le pone los cuernos» (infiel, apóstata, desagradecida); es decir, como el antiguo pueblo de Dios que le era infiel yéndose tras otros dioses de pueblos vecinos. Hoy como ayer esos dioses existen…, quizá con otros nombres y ropajes, pero existen; al igual que las consecuencias, siempre nefastas.
El grado de infidelidad, de increencia, de pecado, de abandono de los valores propios del Reino de Dios, es hoy como nunca de una abundancia y perversión inigualables. ¿Qué va a suceder?
Y otras cuestiones sobre lo mismo, que nos asaltan: ¿Ante tanta profusión del mal, en continuo avance, habrá algún momento en qué Dios diga, hasta que hemos llegado…; pues si no pongo soluciones ya, esto se acabará yéndose de las manos? ¿Un Dios Padre creador, dueño y señor de todo, que hizo surgir cuando existe por obra amantísima de sus manos, y que posteriormente lo adquirió con el precio de la sangre de su Hijo, se va a cruzar de brazos, así, sin más, mientras contempla cómo esto se va al traste? ¿Dios Padre amantísimo, misericordioso, que nos ha dado la vida, nos ama y vela por nosotros, sus hijos, no se conmoverá ante el padecimiento de sus benditos, los justos, los mártires,….? etc.
Por ello a todos os decimos:
Convertíos al Evangelio, sed fieles y ¡Velad!
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