Cuando un creyente católico practicante se fija en ciertos datos que se dan ante las próximas elecciones, no puede quedar sino estupefacto. Según una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) que el PP cuenta con un 39,7% de votantes católicos practicantes y un 45,3% de católicos no practicantes, y el PSOE, un 13,3% de votantes católicos practicantes y un 37,6% de católicos no practicantes.
De estos datos, lo más llamativo es que entre dos partidos proabortistas y contrarios en a valores del humanismo cristiano se repartan más de la mitad (53%) de los votos católicos. Ante esto de que son católicos practicantes (los otros, ya se saben, lo son pero a efectos reales, como si no lo fueran), ¿qué cabe pensar?
Es obvio que algo pasa cuando un voto que tendría que ser en conciencia parece que no lo es: a priori y como punto de partida orientativo, estos serían sustantivamente, los principios rectores a la hora de votar para un católico, que serían Principios No Negociables de Benedicto XVI:
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- La defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural.
- La defensa del matrimonio natural y de la familia que nace de dicha unión.
- La libertad de educación de los padres como primeros responsables de sus hijos.
- El bien común en sus dimensiones nacional y mundial.
Solo un partido, VOX, recoge en su programa mejor que ningún otro estos valores. Y cuya importancia es sustantiva, por su capacidad de influencia para que ciertas leyes que contradicen esos principios queden abolidas; pues han de ser derogadas leyes como: la del aborto, la eutanasia, la de educación (Celáa), la de ideología de género, la trans, la de memoria histórica, el proyecto de ley de familia, etc.
Algo está ocurriendo en los católicos reales que eligen en discrepancia con la voluntad de Dios, con sus doctrina, y al que todos los días rezan: «Hágase tu voluntad».
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