Biden y el Vaticano

Unas palabras críticas ante la recepción de hoy 29 de octubre del presidente americano Biden por el papa Francisco en su primera visita oficial al Vaticano desde que asumiera el cargo en la Casa Blanca.

Contrasta el trato dispensado por el Vaticano a Joe Biden con respecto al de Donald Trump. Y es normal que la gente se pregunte el porqué. No se entiende muy bien del todo. Porque objetivamente aunque Trump no sea católico, que si cristiano, y que Biden si lo sea (aunque de aquella manera que precisa comillas), lo que sí es cierto es que Trump está más próximo en sus valores a la doctrina católica que el propio Biden. Entre otras cosas en cuanto al aborto, en cuanto a la ideología de género, en cuanto a las agendas del NOM…, fundamentalmente, aunque habría más, pero es suficiente. En contra de Trump parece que existe la cuestión de la inmigración; pero tal y como se están sucediendo los acontecimientos y las actitudes de la actual Administración estadounidense en la frontera (muro) con México, no dictan mucho en los hechos e incluso, tras el efecto llamada, los problemas para los que pretenden acceder a EE.UU. han aumentado.

Por lo tanto, no se entiende esa caliez y complacencia con uno y la antipatía y reprobación con el otro.

Ante la actitud muchos obispos estadounidenses de cuestionar el acceso a la Comunión eucarística del presidente pro abortistas, no cabe tacharles como algunos medios periodísticos descalificarlos diciendo que hace política. Porque si en esto tan gravísimo se callan, ¿cuándo hablarán…?  Le es propio a todo cristiano -y más si es pastor- el pronunciarse moralmente sobre cuestiones que afecten al orden político cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona.

Por otro lado y en este mismo asunto, algún mes después, en septiembre el papa Francisco  manifestó que los obispos católicos deben tratar a los políticos que apoyan el aborto con «compasión y ternura», siendo pastores y no condenando: «nunca le he negado la Eucaristía a nadie», y también dijo después en una homilía que la Comunión «no es la recompensa de los santos, sino el pan de los pecadores».

En esto decir: el Papa a no ser «ex cátedra» se pude equivocar (y no es que digamos que lo haya hecho, pero… «todo escribano puede echar un borrón»); otros hombres de Iglesia, purpurados, con vitola de santidad, se han pronunciando de forma diferente, y su visión en este extremo puede ser la acertada, ¿por qué no?; la Comunión no se niega a nadie, pero sí se la niega uno a sí mismo cuando no muestra ningún arremetimiento de pecar gravemente (se está en pecado gravísimo cuando se promociona el aborto, o sea la muerte del sicario -que dijo contundencia el mismo Papa en otra ocasión hablando sobre la acción aniquiladora de la vida del no nacido-), alentar la Comunión indignamente -y hasta con osadía de hacerlo, como ha mostrado Biden- supone amontonar ascuas ardientes de condenación sobre su cabeza (que diría san Pablo); y concluyendo, la «compasión y la ternura» no ha de ser discriminatoria: para unos sí (Biden), para otros no (Trump y los no nacidos).

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