Encontró su convento por Internet ¿Ningún cambio generacional en los monasterios suizos? No en todos los casos. Hace pocos días, una joven de 22 años ha entrado en el convento Leiden Christi (“sufrimientos de Cristo”, www.klosterleidenchristi.ch) en Jakobsbad.
Angela Pustelnik cortó las pulseras hechas por ella misma, las dobló ordenadamente y las depositó en un baúl. Cada una de estas pulseras simbolizaba un éxito, como por ejemplo el examen de conducir o la selectividad. Fue el día en el que la joven de veinte años escondió sus largos cabellos rubios bajo un velo, sustituyó sus tejanos y camisetas de colores con el hábito, abandonó su vida en la pequeña ciudad de Bad Salzuflen en el norte de Alemania y se trasladó al convento de las hermanas capuchinas Leiden Christi en Jakobsbad, cerca de Appenzell. Ese día Angela Pustelnik se convirtió en Sor Elisabeth. Dos nuevas monjas: años sin pasar Gracias a Sor Elisabeth y Sor Chiara, de 43 años, ahora las monjas en el convento de Appenzell son diez y la edad media ha bajado a los 60 años. La joven de 22 años no está atormentada por ninguna duda. El lugar predilecto de Sor Elisabeth dentro del convento es el Coro, donde las mujeres rezan cinco veces al día. En su mesita hay una piedra con la imagen pintada de un ángel. Oración diaria desde niña “Deseaba dedicar mis jornadas al dialogo con Dios, darle las gracias por todo”. Sus profesores se reían de su vocación La mayor parte de sus compañeros no conseguía entender porqué quería “desperdiciar así su vida”. Los profesores se reían de ella, estaban convencidos de que antes o después cambiaría de opinión. Pero ella siguió imperterrita su camino: “Sabía que estaba haciendo lo correcto”. La joven encontró la página web del convento Leiden Christi. Después de un intercambio de correspondencia con la madre superiora del convento que duró un año, ésta la invitó a participar durante tres días a la vida diaria, hecha de oración y de trabajo. Su padre la acompañó a Jakobsbad, situado a los pies del Monte Kronenberg, donde el pequeño convento está inmerso entre colinas y bosques. “No había estado nunca en Suiza; no había estado nunca dentro de un convento; no había hablado nunca con una monja. Pero al llegar intuí enseguida: Estoy en el lugar donde Dios me quiere”. Tres meses después hizo las maletas con lo estrictamente necesario y se despidió de su padre, de su madre y de su hermana, más joven que ella. La vida en el convento Cada monja tiene un día al mes a su libre disposición y tres semanas de vacaciones al año. El resto de los días se levantan a las 5 de la mañana. En el tiempo que transcurre entre cada una de las oraciones diarias trabajan en la farmacia del convento, se ocupan de los enfermos y hacen los trabajos de casa. Se van a dormir a las 21 horas. Cuando una hermana necesita algo, habla de ello con la Madre; el dinero para pagarlo procede de la “cassaper”, de la caja para los gastos domésticos. Un gran paso para una mujer joven, que antes amaba ir de compras con sus amigas y vestirse bien. “Todo esto no representa un problema», nos asegura Sor Elisabeth, como hace a menudo durante nuestro coloquio. Dice que es feliz con su nuevo, y restringido, vestuario: “Cuando me miro en el espejo y veo a una monja, es una sensación increíblemente bella, algo maravilloso”. Es muy raro que sienta nostalgia de su casa: “Existe Skype y el email para comunicarse con la familia”. Cuando hay diez caracteres juntos no siempre se está de acuerdo y se pueden crear pequeños desacuerdos. «Somos personas absolutamente normales. La única diferencia es que perdonamos más deprisa que otras personas”. (Traducción del alemán al italiano de Susanne Siegl-Mocavini; del italiano al español de Helena Faccia Serrano)
Fuente y texto completo: https://www.religionenlibertad.com/asi-vive-angela-su-vocacion-capuchina-con-22-anos-es-la-36131.htm |
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