Todos los años, por estas fechas en que se conmemora el Descubrimiento de América, no falta quiénes airean malmetiendo con insidias, difamaciones, medias verdades y calumnias con tal de desprestigiar esa gesta española (y todo cuanto sea español, pues hay mucho antiespañolista, sobre todo en la propia España, haciéndose eco de la «leyenda negra», y por no se sabe por qué extraño gen incorporado en la gente especialmente de izquierdas o masones de derecha, que a lo largo de estos dos últimos siglos, por estos lares tanto han abundado, desgraciadamente).
Existe un documento grandioso, que no tiene igual en la historia colonial de ningún país. Sin embargo, no existe ninguna historia tan desprestigiada como la que se inicia con Isabel la Católica, y que ha quedado -y cada vez más- en la conciencia de la gente española como un sentimiento de culta, cuando cualquier otro país se sentiría orgullo.
El codicilo que Isabel añadió a su testamento tres días antes de morir, en noviembre de 1504, y que dice así:
Concedidas que nos fueron por la Santa Sede Apostólica las islas y la tierra firme del mar Océano, descubiertas y por descubrir, nuestra principal intención fue la de tratar de inducir a sus pueblos que abrazaran nuestra santa fe católica y enviar a aquellas tierras religiosos y otras personas doctas y temerosas de Dios para instruir a los habitantes en la fe y dotarlos de buenas costumbres poniendo en ello el celo debido; por ello suplico al Rey, mi señor, muy afectuosamente, y recomiendo y ordeno a mi hija la princesa y a su marido, el príncipe, que así lo hagan y cumplan y que éste sea su fin principal y que en él empleen mucha diligencia y que no consientan que los nativos y los habitantes de dichas tierras conquistadas y por conquistar sufran daño alguno en sus personas o bienes, sino que hagan lo necesario para que sean tratados con justicia y humanidad y que si sufrieren algún daño, lo repararen.
Es, sin duda, asombroso. Hasta aquel entonces, nunca ningún país que haya colonizado o conquistado pueblo alguno, pensaban que era legítima la esclavitud como derecho de guerra, había tratado de esta manera como señala la reina de España.
Desde el principio la esclavitud de los indios fue prohibida; fueron dados en encomienda, como era el sistema usado en España. Y la encomienda dio paso a la reducción de los indios en pueblos para ser mejor evangelizados. De este modo, como dice el historiador Pereña, «la corona española se adelantaba varios siglos a la abolición de la esclavitud en el mundo».
Al descubrirse América, Colón, en su segundo viaje de 1496, llevó 300 indios esclavos a España, pero la misma reina Isabel la Católica ordenó su regreso, imponiendo la libertad a todos sus súbditos americanos. En 1501, los Reyes Católicos dieron rigurosas instrucciones al comendador Nicolás de Ovando para que los indios no fuesen tratados como esclavos sino como hombres libres. Fueron muchas las cédulas reales y leyes para imponer esta norma de libertad para los indios.
El historiador normeamericano, Lewis Hanke, afirmó: «La conquista de América por los españoles fue uno de los mayores intentos que el mundo haya visto de hacer prevalecer la justicia y las normas cristianas en una época brutal y sanguinaria».
Ya es conocido lo que pasó en USA, donde los indios fueron exterminados. En USA los indios que sobreviven son unos cuantos miles, mientras en América Latina la mayoría de la población es india o mestiza. Del rio Grande para abajo el 98 por ciento son de origen autóctono, con mestizaje; en cambio del rio Grande para arriba solo un 2 por ciento.
Termino con unas líneas de José Javier Esparza:
«No hay español culto que no sepa qué es la Leyenda Negra; al menos, en sus términos generales. No hay español inculto que no se haya creído la Leyenda Negra; al menos, en sus términos generales.
La Leyenda Negra es ese relato, o más bien conjunto de relatos, según el cual el paso de España por la Historia ha sido enteramente siniestro: una mezcla nauseabunda de crueldad, fanatismo, violencia e ignorancia, que no ha aportado al mundo nada más que dolor. A la luz de esa idea, todos los grandes episodios que jalonan la Historia de España han sido una calamidad: la Reconquista, una muestra de fanatismo religioso frente al avanzado y tolerante Islam; la conquista de América, una obra de rapiña genocida contra los bondadosos indígenas; las guerras de la Reforma y la Contrarreforma, o la guerra de Flandes, la manifestación de la extrema intolerancia de un pueblo fanatizado –otra vez el fanatismo- y salvaje. Y etcétera, etcétera.
Hay quien dice que la Leyenda Negra, el propio hecho de tener tal, es un rasgo exclusivo español. Y si el río suena… Bueno, esto no es verdad. Es verdad, sí, que el término “leyenda negra” se aplica específicamente, en el ámbito académico, al conjunto de relatos denigratorios hacia España.
En Alemania, bajo el efecto de la herejía protestante y las guerras de la Reforma, se extiende la literatura antiespañola en plumas como la de Hutten –que, más que antiespañol, era antilatino en general- y el propio Martín Lutero, el padre de la Reforma. Este Lutero decía que los españoles éramos –todos, colectivamente hablando- “ladrones, falsos, orgullosos y lujuriosos”. Nada menos. Y para más inri, descendientes de judíos todos nosotros y, por tanto, obra de Satán. Estas opiniones tan delicadas se extendieron mucho unos años más tarde, cuando comenzaron las guerras de la Reforma.
Hay una cita muy interesante, de procedencia insospechada, que es la definición de la “leyenda negra” por el American Council of Education. Es una cita de 1944, si no me he equivocado al transcribir la fecha, y dice así: “La leyenda negra es un término empleado por los escritores españoles para denominar al antiguo cuerpo de propaganda contra las gentes de la Península Ibérica que comenzó en la Inglaterra en el siglo XVI y ha sido desde entonces una conveniente arma para los enemigos de España y Portugal en las guerras religiosas, marítimas y coloniales de esos cuatro siglos”. Digo que es muy interesante porque el American Council of Education se vio forzado a dar esta definición, precisamente, por el sesgo antiespañol de cuantiosos materiales educativos norteamericanos, que llegaban hasta la caricatura; eran materiales educativos completamente deformados por la leyenda negra.
Esta es la realidad de la leyenda negra española en América. No hubo genocidio en América: hubo una mortandad gigantesca por los virus que entraron en el continente; habrá casos de brutalidad y abusos de los españoles, pero no fueron la causa de la catástrofe demográfica. Tampoco hubo esclavitud de indios en América: hubo un régimen de servidumbre muy duro, como el que había en Europa, que con ojos de hoy nos resulta intolerable; pero no hubo esclavitud. Ni la Inquisición, en fin, torturó a los indios: ella misma lo había prohibido. La leyenda negra española en América es falsa. No podemos evitar que otros la propaguen, pero los españoles debemos saber la verdad.» (En elespiadigital )
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