«Sed ‑dice el Señor‑ misericordiosos, como nuestro Padre» (Lc 6,36).
“Eres misericordioso, cuanto más lo seas, más bueno serás y por mejor serás tenido” (San Juan Crisóstomo)[1].
«Aprenderán los siglos que no hay oposición invencible a la piedad» (F. Quevedo)[2]. Seguir leyendo «Sed compasivos»

