Profecía del momento actual, en la perspectiva del fin de los tiempos

El profeta del AT san Zacarías, que vivió en los siglos VI y V antes de Cristo, su nombre resulta evocador: significa «Yahvé recuerda o Dios ha recordado», viene muy a propósito de tiempos en que se necesita que Dios no se olvide de nosotros, su obra nacida de sus manos, y que actúe en estos momentos cruciales que se avecinan para la Humanidad. También tengamos en consideración este profeta tiene, por decirlo así,  una cierta reputación ya que profetizó a cerca del Mesías: la entrada en pollino en Jerusalén y las 30 monedas de plata. 

A la luz y en sintonía con otros textos proféticos, lo que dice el profeta san Zacarías parece hacer clara referencia a los tiempos actuales, 2.500 años después; especialmente, como decimos, si lo relacionamos con lo dicho otras profecías o revelaciones particulares. Veamos:

Tengamos en cuenta esta propuesta sintética,  tras el análisis de los datos compaginados de diversas revelaciones: bien de las Sagradas Escrituras como de apariciones privadas  de que disponemos, y tomando como base fundamental al profeta Zacarías:    

Al comienzo del proceso definitivo de la tribulación de los cristianos, del que habla el Apocalipsis, y teniendo también en cuenta lo dicho en Fátima, Garabandal y en Medjugorje, junto con el sueño de las dos columnas de san Juan Bosco, y del profeta Zacarías, el encuadre de personas y acontecimientos sería este:

Tras desaparecer el Cayado Gracia (Zacarías cap. 11), que estaría referenciado al papa Francisco, por mostrarnos un rostro tierno y misericordioso de Dios a la Humanidad, «Tomé luego mi cayado «Gracia» y lo partí, para romper la alianza que Yahveh había concluido con todos los pueblos» (v. 10). Momento en que se precipitaría el devenir de los acontecimientos del impropiamente llamado Fin de los Tiempos.

Ya anteriormente se manifestaron momentos de tribulación (recordemos el papado de Benedicto XVI, tan perseguido por la cuestión de los abusos y de las cuentas del banco IOR). Tribulación que irá en aumento hasta convertirse en gran tribulación de los tres años y medio finales. (En Garabandal se menciona a pasados tres-cuatro Papas sobrevendrían los acontecimientos referidos al Fin de los Tiempos, a los que estamos entrando definitivamente).

El Cayado Vinculo (Zac 11), que destacara por el cometido de mantener el vinculo, la unidad de la Iglesia, combatiendo la amenaza pertinaz de cisma por el quebranto de la doctrina verdadera.

Esta es un riesgo de división cismática en la Iglesia del momento histórico actual: La teología progresista y la teología tradicional son dos enfoques distintos dentro del cristianismo que difieren en su interpretación de las escrituras, la autoridad de la Iglesia y las prácticas religiosas. La unidad de la Iglesia, pueblo de Dios, o nuevo Israel, se ve comprometida. Si con el papa Francisco se dio, pese a los esfuerzos de éste por ser cercano y amable con el mundo, los pueblos de la tierra se mostraron en general hostiles con la Iglesia, siendo la religión cristiana la más perseguida; ahora con el papa León XIV la Iglesia se volcará en procurar el ser una en el Uno. De modo que el nuevo Israel no se divida como ocurriera hace casi tres mil años con la ruptura del antiguo pueblo elegido: El Reino de Israel y el Reino de Judá fueron consecuencia de la división del reino unificado de David y Salomón: dos reinos separados que existieron en la región de Palestina después de la muerte del rey Salomón (930 a.C.). El Reino de Israel (o Reino del Norte) abarcaba las regiones de Samaria y Galilea, con Samaria como capital, mientras que el Reino de Judá (o Reino del Sur) comprendía la región de Judea y tenía a Jerusalén como capital. Debido a la insurrección de las diez tribus del norte contra la autoridad de Roboam, hijo de Salomón. Diez de las 12 tribus, tan solo dos, la de Judá y Benjamín se mantuvieron fieles al hijo de Salomón, manteniendo la tradición de la casa de David y el Templo de Jerusalén. «Después partí mi segundo cayado «Vínculo», para romper la fraternidad entre Judá e Israel» (v.14).

Y aquí, en este momento dramático para la Iglesia y la fe en Cristo, parecerá la figura inquietante de “un pastor necio» (v.15). «¡Ay del pastor inútil que abandona las ovejas!» (v.17).  Es decir, un falso papa que dañará dramáticamente al rebaño de Dios. Muy posiblemente esta figura que usurparía la cátedra de Pedro sería la segunda Bestia del Apocalipsis, si la primera sería la figura política, el Anticristo, este falso papa sería el brazo derecho en el plano religioso.

En el capítulo siguiente, el 12, en la primera parte, se hace referencia a los momentos trágicos, de gran tribulación del Apocalipsis, que vivirán los justos, los fieles creyentes firmes en la fe la Iglesia y su doctrina, llamada gran tribulación.  «Y contra ella se congregarán todas las naciones de la tierra.» (V, 3). Y ante semejante barbarie contra los seguidores de Cristo, el Cielo reaccionará, y como se menciona también en el Apocalipsis sucederá el Armagedón: «Aquel día me dispondré a destruir a todas las naciones que vengan contra Jerusalén» (v.9). Y como dice el cap. 13, v, 8: «Y sucederá en toda esta tierra – oráculo de Yahveh – que dos tercios serán en ella exterminados (perecerán) y el otro tercio quedará en ella.»

Y a los que queden vivos sobre la tierra tras el acontecer de los tres días tremendos de oscuridad por obra del cielo –que coinciden con las 7 copas del Apocalipsis— para extirpar la maldad, y al Anticristo, Dios purificará (con un nuevo Pentecostés) a los habitantes de la tierra: «Yo meteré en el fuego este tercio: los purgaré como se purga la plata  y los probaré como se prueba el oro. Invocará él mi nombre y yo le responderé; diré: «¡El es mi pueblo!»  y él dirá: «¡Yahveh es mi Dios!» (v. 9).

El capitulo 14 es una síntesis de lo anterior. Al final lo pueden leer, y ver brevemente los apuntes que hemos realizado tras su lectura.  

 

Estos son pasajes del profeta Zacarías que hemos extraído porque pensamos tienen una lectura apocalíptica de los tiempos presentes y prontamente venideros:

 

Capítulo 11

Así dice Yahveh mi Dios: Apacienta las ovejas de matadero,

5  esas que sus compradores matan impunemente, mientras sus vendedores dicen: «¡Bendito sea Yahveh; ya soy rico!», y a las que no perdonan los pastores.

Pues yo no perdonaré más a los habitantes de esta tierra, oráculo de Yahveh; mas he aquí que voy a entregar a los  hombres, a cada uno en manos de su vecino y en manos de su rey; ellos aplastarán la tierra y yo no los libraré de sus manos.

Apacenté, pues, las ovejas de matadero destinadas a los tratantes de ovejas, y me procuré dos cayados: a uno lo  llamé «Gracia» y al otro «Vínculo». Me puse a apacentar las ovejas,

y me deshice de los tres pastores en un mes. Pero mi alma se impacientó con ellos y su alma también se hastió de mí.

Entonces dije: «¡No os apacentaré más; la que tenga que morir, que muera, la que tenga que desaparecer, que desaparezca, y las que queden, que se coman unas a otras!»

10 Tomé luego mi cayado «Gracia» y lo partí, para romper la alianza que Yahveh había concluido con todos los pueblos.

11 Quedó roto aquel día, y los tratantes de ovejas que me observaban supieron que era una palabra de Yahveh.

12 Yo les dije: «Si os parece bien, dadme mi jornal; sino, dejadlo.» Ellos pesaron mi jornal: treinta siclos de plata.

13 Yahveh me dijo: «¡Echalo al tesoro, esa lindeza de precio en que me han apreciado!» Tomé, pues, los treinta siclos de plata y los eché en la Casa de Yahveh, en el tesoro.

14 Después partí mi segundo cayado «Vínculo», para romper la fraternidad entre Judá e Israel.

15 Yahveh me dijo entonces: «Toma todavía el hato de un pastor necio.

16 Pues he aquí que yo voy a suscitar en esta tierra un pastor que no hará caso de la oveja perdida, ni buscará a la extraviada, ni curará a la herida, ni se ocupará de la sana, sino que comerá la carne de la cebada, y hasta las uñas les arrancará.

17 ¡Ay del pastor inútil          que abandona las ovejas!          ¡Espada sobre su brazo          y sobre su ojo derecho;          que su brazo se seque del todo,          y del todo se oscurezca su ojo!»

 

Capítulo 12

1  Oráculo. Palabra de Yahveh sobre Israel. Oráculo de Yahveh, el que despliega los cielos, funda la tierra y forma el espíritu del hombre en su interior.

He aquí que yo hago de Jerusalén una copa de vértigo para todos los pueblos del contorno (durante el asedio contra  Jerusalén).

2-b (y también sobre Judá).

Aquel día haré yo de Jerusalén una piedra de levantamiento para todos los pueblos: todos los que la levanten se  desgarrarán completamente. Y contra ella se congregarán todas las naciones de la tierra.

Aquel día – oráculo de Yahveh – heriré de aturdimiento a todo caballo, y a su caballero, de locura. Y a todos los pueblos heriré de ceguera. (Mas sobre la casa de Judá abriré mis ojos.)

5  Entonces dirán en su corazón los jefes de Judá: «La fuerza de los habitantes de Jerusalén está en Yahveh Sebaot su Dios.»

6  Aquel día haré de los jefes de Judá como un brasero con fuego de leña, como una antorcha con fuego de gavillas; y devorarán a derecha e izquierda a todos los pueblos del contorno, mientras que Jerusalén será de nuevo habitada en su lugar.

7  Salvará Yahveh en primer lugar a las tiendas de Judá, para que el prestigio de la casa de David y el prestigio de los habitantes de Jerusalén no se crezca sobre Judá.

8  Aquel día protegerá Yahveh a los habitantes de Jerusalén: el más flaco entre ellos será aquel día como David, y la casa de David será como Dios, como un ángel de Yahveh, al frente de ellos.

Aquel día me dispondré a destruir a todas las naciones que vengan contra Jerusalén;

10 derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de oración; y mirarán  hacia mí. En cuanto a aquél a quien traspasaron, harán lamentación por él como lamentación por hijo único, y le llorarán amargamente como se llora amargamente a un primogénito.

11 Aquel día será grande la lamentación en Jerusalén, como la lamentación de Hadad Rimmón en la llanura de Meguiddó.

 

Capítulo 13

Aquel día habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para lavar el pecado  y la impureza.

Aquel día – oráculo de Yahveh Sebaot – extirparé yo de esta tierra los nombres de los ídolos y no se volverá a  mentarlos; igualmente a los profetas y el espíritu de impureza los quitaré de esta tierra.

Y sucederá en toda esta tierra          – oráculo de Yahveh –          que dos tercios serán en ella exterminados (perecerán)                      y el otro tercio quedará en ella.

Yo meteré en el fuego este tercio:          los purgaré como se purga la plata          y los probaré como se prueba el oro.      Invocará él mi nombre          y yo le responderé;          diré: «¡El es mi pueblo!»          y él dirá: «¡Yahveh es mi Dios!»

 

Capítulo 14

He aquí que viene el Día de Yahveh en que serán repartidos tus despojos en medio de ti.

2  Yo reuniré a todas las naciones en batalla contra Jerusalén. Será tomada la ciudad, las casas serán saqueadas y violadas las mujeres. La mitad de la ciudad partirá al cautiverio, pero el Resto del pueblo no será  extirpado de la ciudad.

Saldrá entonces Yahveh y combatirá contra esas naciones como el día en que él combate, el día de la batalla.

Se plantarán sus pies aquel día en el monte de los Olivos que está enfrente de Jerusalén, al oriente, y el monte  de los Olivos se hendirá por el medio de oriente a occidente haciéndose un enorme valle: la mitad del monte  se retirará al norte y la otra mitad al sur.

Y huiréis al valle de mis montes, porque el valle de los montes llegará hasta Yasol; huiréis como huisteis a causa  del terremoto en los días de Ozías, rey de Judá. Y vendrá Yahveh mi Dios y todos los santos con él.

Aquel día no habrá ya luz, sino frío y hielo.

7   Un día único será – conocido sólo de Yahveh -: no habrá día y luego noche, sino que a la hora de la tarde habrá  luz.

8   Sucederá aquel día que saldrán de Jerusalén aguas vivas, mitad hacia el mar oriental, mitad hacia el mar occidental: las habrá tanto en verano como en invierno.

9   Y será Yahveh rey sobre toda la tierra: ¡el día aquel será único Yahveh y único su nombre!

10 Toda esta tierra se tornará llanura, desde Gueba hasta Rimmón, al sur de Jerusalén. Y ésta, encumbrada, será habitada en su lugar, desde la Puerta de Benjamín hasta el emplazamiento de la antigua Puerta, es decir, hasta la Puerta de los Ángulos, y desde la torre de Jananel hasta los Lagares del rey.

11 Se habitará en ella y no habrá más anatema: ¡Jerusalén será habitada en seguridad!

12 Y ésta será la plaga con que herirá Yahveh a todos los pueblos que hayan hecho la guerra a Jerusalén: pudrirá su  carne estando ellos todavía en pie, sus ojos se pudrirán en sus cuencas, y su lengua se pudrirá en su boca.

13 Y cundirá aquel día entre ellos un inmenso pánico de Yahveh: agarrará cada uno la mano de su prójimo y levantarán la mano unos contra otros.

14 También Judá combatirá en Jerusalén. Y serán reunidas las riquezas de todas las naciones de alrededor: oro, plata y vestidos en cantidad inmensa.

15 Semejante será la plaga de los caballos, mulos, camellos y asnos, y de todo el ganado que haya en aquellos campamentos: ¡una plaga como ésa!

16 Y todos los supervivientes de todas las naciones que hayan venido contra Jerusalén subirán de año en año a postrarse  ante el Rey Yahveh Sebaot y a celebrar la fiesta de las Tiendas.

17 Y para aquella familia de la tierra que no suba a Jerusalén a postrarse ante el Rey Yahveh Sebaot no habrá lluvia.

18 Si la familia de Egipto no sube ni viene, caerá sobre ella la plaga con que Yahveh herirá a las naciones que no suban a celebrar la fiesta de las Tiendas.

19 Tal será el castigo de Egipto y el castigo de todas las naciones que no suban a celebrar la fiesta de las Tiendas.

20 Aquel día se hallará en los cascabeles de los caballos: «Consagrado a Yahveh», y serán las ollas en la Casa de Yahveh como copas de aspersión delante del altar.

21 Y toda olla, en Jerusalén y Judá, estará consagrada a Yahveh Sebaot; todos los que quieran sacrificar vendrán a tomar de ellas, y en ellas cocerán; y no habrá más comerciante en la Casa de Yahveh Sebaot el día aquel.

 

En estas líneas nos vamos a fijar concretamente en el capítulo 14 del libro de Zacarías, que, estimamos, correspondería al periodo del fin de los tiempos (SEPTIMO SELLO –tres días de tinieblas-) (y más concretamente al Armagedón (batalla final): 

Apreciamos que cabría la interpretación siguiente: 

Versículos 1-2:   Se da la gran tribulación donde todo el mundo (todas las naciones, 2) se alzan contra la Iglesia (Jerusalén), quedando los elegidos, los justos, los no marcados, (el resto).

Versículos 3-7 y 12-13:   Dios intervendrá: El castigo. (En medio de este se producirá la batalla de Armagedón).

 Versículo 16;   Todo el mundo reconocerá la intervención divina y reconocerán a su Iglesia, viniendo e integrándose en ella.

 Versículos 8-11:  Se dará el reinado de Dios. Mil años.  

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