
- En estado de gracia se ve mejor la voluntad de Dios. Se está más próximo y en estado de amistad con Dios, que comunica sus secretos a los amigos.
- Dios es como un niño, débil e indefenso, en medio de las fuerzas del mundo. El mal lucha con todo tipo de violencias, poderes y armas; Dios solo con las del amor y la bondad. Parece complicado la fe en un Dios con «cara de perdedor»; pero confiamos: La Esperanza tendrá la última palabra.
- El recurso a la utilización de la violencia es cada vez más común, reflejo de la influencia televisiva y cinematográfica, plagadas de escenas violentas. Algo tóxico que atiborra la mente de la juventud. La violencias o brutalidad en la vida corriente de la gente se expresa de muchas maneras, a veces inconsciente o inaparente, pero real. Y si no aflora y se generaliza más explícitamente es por miedo o miedos a otras violencias mayores.
- Pobre de espíritu es aquel que confía en Dios, que depende de Él y se pone en sus manos, porque sabe de su pobreza y sin Él nada o poco puede, en lo que realmente importa.
- Si la Omnipotencia (de Dios) tiene los límites del amor. En cuanto haya otra persona, su libertad, es parte de mi amor (hacia ella).
- La desvinculación del sexo y el amor es toda una filosofía o manera de entender cómo ser y estar en la realidad, cómo funcionar en la vida; lo cual trae desastrosas consecuencias.
- El repetir sucesivos encuentros sexuales desprovistos de amor -algo que hoy día se da desde tierna edad, 13 o 14 años- abarata la grandeza y relevancia de la íntima unión excepcional de dos personas. Muchas personas ya desconocen, nunca conocerán, la belleza del amor que hace una sola carne.
- El divorcio, la ruptura del matrimonio -y sobre todo si hay hijos-, trae mucho sufrimiento. Y esto abunda hoy día. Este quebranto cuando se cuenta con Dios queda minimizado notablemente. (Aquí se ve la «utilidad de la fe», para los que dicen ¿para qué sirve creer?).
- La tentación del diablo a que entremos en su juego perverso de luchar con nuestras propias fuerzas. Seamos humildes, y alejemos a refugiarnos en el Señor. «Porque no es por la fuerza como vence el hombre» (1Sam 4,9b). Sólo la gracia hace posible, compatibles, cosas diferentes: huir y ser valiente.
- “Sabéis que se dijo: `Ojo por ojo y diente por diente´. Pero yo os digo que no resistáis al mal; antes a quien te hiera en tu mejilla derecha, vuélvele también la otra” (Mt 5,38-39). No respondamos al mal, con la lucha; tenemos la gracia. «Te basta mi gracia; mi fuerza actúa mejor donde hay debilidad» (2 Cor 12,9).
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