
- Dios creó el mundo, a los seres humanos, a sabiendas de que estos le podrían complicar la vida: de que era una apuesta arriesgada, de que todo se podría venir al traste, por el difícil equilibrio entre la libertad que dignidad la condición humana y su determinación por el bien, al cual podría traicionar, comprometiendo del destino de santidad de la persona querido por Dios. Pese a todo, Dios decidió dar el paso de crearnos; pues tenía un as en la manga -costo sí, pero resolutivo-: el de su Hijo.
- Las aguas del mundo están revueltas, en general y también en lo eclesial; en esta situación la religiosidad de las personas, la fe, ha de agarrarse al mástil de la firmeza doctrinal para la confusión, las dudas, no hagan vacilar y arrojarnos al agua a la desesperada esperando (ilusoriamente) que en medio de un mundo embravecido por la tempestad vamos a encontrar una tabla de salvación. Todo lo contrario nos ahogará.
- En crudo, y per se, la Religión no puede secularizarse. Cualquier intento de la Iglesia de indiferenciarse del mundo, para que éste la admita, es un craso error. Del que tarde o temprano tendrá que salir; pero ¿a qué precio? Dejándose tanto de ella… y causando tantas víctimas… entre sus fieles y entre tatas posibles esperanzas de la gente del mundo a las que iluminar.
- Apostasía silenciosa. De manera simple: Toda apostasía no trae nada bueno. Dios, cuanto menos, representa al bien, el amor, la libertad, la alegría, la paz, etc., en grado sumo; todo lo que sea alejarse Dios, corre el serio riesgo de alejamiento de todo lo que significa.
- Un mundo al que se le ha desalojado la esperanza. La gente se empeña en ser feliz sin pretender resolver el problema del sentido, del ser para la nada, sin esperanza. Es un esfuerzo abrupto, inhumano, que muchos no pueden soportar -o reducir con una frenética actividad- en momentos dados, y se quiebran dando como resultado enfermedades psíquicas y emocionales de todos tipo, hasta llegar a procurarse la muerte.
- Un nihilismo optimista es como virus que va matando el alma lentamente; dar rienda suelta a los deseos y pasiones bajo la falsa apariencia de que es lo apropiado, la razón de vivir, lo que proporciona felicidad, etc. Sin embargo, es una efervescencia pasajera, una enfermedad global que mata el alma. Los que escriben estos guiones son elites que viven en la perpetua efervescencia -siempre falsa, pero su ajetreo exitoso parece servirles- y que expanden a todos los demás mortales, matándoles.
- Por la acumulación de males personas, de conductas impropias, de comportamientos corruptos e inmorales, que están a la vista y que todos los días nos asaltan con noticias luctuosas o con hechos inmorales concretos que nos tocan de cerca, se confirma que el mundo no progresa para bien en lo mejor, en lo del mejoramiento como seres humanos, que es lo que en definitiva importa.
- Nos hemos ido alejando del «Centro de producción», de la fuente de donde mana todo bien, toda bondad, toda generosidad, todo amor, misericordia, empatía, etc., que hace a la calidad humana.
- En esta situación atea, de alejamiento de Dios, cualquier cosa que nos pase a nivel propiamente humano, en el peor sentido, es totalmente lógico. Pero -y he aquí lo peor- es que no parece que nos enteremos o -y aun peor- que quien debería enterarse y poner remedio, no lo hace.
- El mundo camina hacia un punto crítico de su existencia. La influencia de lo demoniaco a niveles aparente desconocidos, pero reales, y que están aún por dar más la cara, se adivina estremecedor. Lo cual nos lleva a cifrar nuestra esperanza en el Señor Creador: en sus manos salvadoras estamos.
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