Pensamientos de Fe (37)

  1. El pecado original es en el fondo un pecado contra la humildad. La soberbia siempre está latente en la historia humana desde sus inicios.   
  2. Dios busca hombres, voluntarios, que hagan lo que podría hacer El. La humildad de Dios es indescriptible, como el respeto, la consideración, el amor…
  3. Nos jugamos todo en nuestra posición con respecto a Dios. Todo se reduce en definitiva al combate entre el orgullo y la humildad.
  4. Nada, ni los pecados siquiera, nos puede separar del amor misericordioso de Dios, a no ser el orgullo.
  5. Cualquier virtud sin la humildad, deja de ser tal. La virtud está tentada de esa silenciosa vanidad que lo infesta todo, sin que apenas nos demos cuenta.
  6. Reconocer las faltas, las deficiencias, las imperfecciones, …los pecados, es cuestión de humildad, necesaria para el arrepentimiento y abrir a la gracia santificadora.
  7. Para Dios nada hay imposible, pero sin la humidad la salvación queda comprometida y la humildad propicia la misericordia que salva; recuérdese las dos posturas de los crucificados con Jesús.
  8. La salvación no se obtiene, conquista o compra, sino que Dios nos la da gratuitamente. Solamente, pide una cosa: que nuestro corazón se abra, no ofrezca resistencia a lo que se nos da. Recibir gratuitamente requiere de humildad; sin ser humildes nada se recibe verdaderamente.
  9. Reconozcamos humildemente que nos somos autosuficientes, que necesitamos de Dios, de su gracia, de su dinamismo de amor y santidad, para ser como el quiere que seamos: santos, como él es santo. Cuando toda otra pretensión decaiga en favor de esta única actitud, estaremos en la onda de Dios, en el espacio de su Reino.
  10. Sin esa vida de vitalidad procedente de la fuente de la vida, la Trinidad, cuanto hagamos por nuestra cuenta será como gotas de lluvia perdidas en lo intrascendente y perecedero. Solo trasciende lo que ya ha trascendido por la gracia hasta nosotros, en nuestra humilde disposición. Esto es lo que eternamente cuenta.

 

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