Pensamientos de Fe (192)

  1. Del matrimonio de la inteligencia y el amor surge la sabiduría. Dios es la sabiduría divina: Dios es el logos (el Verbo) y caritas (El Amor gratuito) en grado sumo.   
  2. Orar es ponerse a disposición de escuchar al Verbo; que es tanto como decir: hacer lo escuchado, y más precisamente, dejar que Dios, principalmente, lo haga contigo.
  3. La primera responsabilidad es la de los próximos. Lo que supone la responsabilidad de los padres de atender prioritaria a las personas a su cargo en el hogar con respecto a los demás, así supone la responsabilidad de los gobernantes de un país respecto a sus conciudadanos respecto a las necesidades de otros países ajenos.
  4. La fe es la mayor expresión de libertad, y esta, la libertad, es la mayor expresión de la dignidad humana. Ambas son regalos de Dios.
  5. Querer creer, y hasta tener necesidad de creer, son pequeños pasos de inicio que nos abren a acoger la gracia de la virtud teologal de la fe. De modo que aunque la fe es un don, hay una responsabilidad por nuestra parte para hacer actos a ella.
  6. La fe es por donde fluye la gracia.
  7. La fe precede a las obras. Pero sería más acertado decir que la fe y el obrar santamente están íntimamente unidos en el tiempo.
  8. La fe nos abre a Dios: abre la puerta de nuestro corazón a Dios. Y es en esta compenetración posibilitada por la fe donde la vida divina, su gracia, su fuerza y ayuda puede conformarnos a él en santidad.
  9. Al contrario del dicho, «el hombre propone y Dios dispone», está más certeramente: Dios propone y el hombre dispone. El propósito de Dios para nosotros es este: «Sed santos como yo soy santo», y el hombre debe disponerse a ello. Es fácil, pues es Dios quien lo quiere; tan solo hace falta decir: «SÍ». Esta respuesta de fe es cuanto el hombre ha de poner de su parte; luego Dios hará la mayor parte; pondrá toda su gracia, fuerza, ayuda; pero, hay que ser conscientes de que cuando Dios trabaja el hombre suda.
  10. Sobre el más allá o la otra vida, los ateos que no creen en ella si tiene razón no lo sabrán nunca porque no habrá nada y si la hubiera la sorpresa será tremenda; en cambio, los creyentes si no hubiera nada, ni habrá lugar para la sorpresa desagradable, y si existiera la vida serían confirmados en la dicha de su esperanza.

 

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