Pensamientos de Fe (173)

  1. El sufrimiento tiene un gran valor, dignifica al que sufre. Dios está más cerca de él, le glorifica. De modo que es comprensible el «bienaventurados los que lloran».      
  2. La oración es comunicarse con Dios, en doble dirección: de nosotros a Él y/o de Él a nosotros. Cuando no le “oímos” –lo cual es grave- es porque tenemos un serio problema de escucha. Dios nos habla –y responde- a través de las sagradas Escrituras, de las inspiraciones, de la conciencia, en un hecho (desagradable), a través de otra persona, con una señal que solamente nosotros entendamos, etc., o cumpliendo nuestras peticiones.
  3. Más allá de preocupaciones por el progreso y el bienestar material, somos criaturas que anhelan sentido y trascendencia.
  4. No creer en Dios es una tragedia; pues el ser humano no se puede sostener sobre sus pies, sin que la gracia de su Creador le vitalice espiritualmente. De lo contrario decae, decae hasta prácticamente extinguirse, como la mecha de una vela, como pábilo vacilante.
  5. Esta es la época del tenerlo todo, de probarlo todo, del estar de vuelta de todo; de manera que este estar ahítos de todo produce un hartazgo que desemboca -paradójicamente- en una insatisfacción vital de vacio interior.
  6. El vacio interior es como un pozo sin fondo, que cuanto más cosas le eches tratando de rellenarlo, más y más se percibe la inutilidad del empeño, que conduce a la melancolía. En esta invisible pero real sutil tristeza de fondo se encuentra mucha gente, y a veces incluso sin saberlo. Les acompaña toda la vida. Y nadie les ha dicho que todo depende de libremente abrirse a la Trascendencia.
  7. Esta llamada interior con la que somos creados jamás pierde su reclamo delicado pero implacable, por mucha lucha en su contra, y es más cuando esta se acentúa como en estos tiempos, el espíritu humano más se rebela; de ahí que en esta era de la velocidad digital, donde todo se sucede trepidante y desasosegante, el alma humana clama por no se asfixiada y busca a Dios. Lo cual la hace propicia, contrariamente a lo que podría pensarse, para la fe: para disponerse a acoger el don gratuito de la fe.  
  8. El nihilismo produce arcadas: el paladar del espíritu humano no se acostumbre a ese vacío de nada, ni nunca lo hará, a no ser que deje de ser humano.
  9. Dios no abandona, no deja de su mano a la criatura que ha creado con un parentesco familiar de hijitos queridos. Este vínculo es irrompible definitivamente; mientras haya existencia, latido vital, hay presencia divina.
  10. En este presente desértico, de pronto algo resplandece: La juventud comienza a verse en las iglesias.

 

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