- La palanca de Arquímedes, dame un punto de apoyo y moveré el mundo. Para un cristiano ese punto de apoyo es la oración.
- Asimilarse al mundo, según el espíritu del tiempo, es ir contra lo querido por Jesús, ya lo avisó de muchas maneras: si la sal se vuelve sosa…
- La alegría de la esperanza es de la que carece un mundo descreído, cuyo sustitutivo es el olvido del mañana sometiendo el aquí y ahora en una sucesión de definitivos.
- Quien no se responde a las inquietudes fundamentales, a las preguntas importantes que todos llevamos dentro, a la larga le acaba pasando factura. Y a estas preguntas es a las que -entre otras cosas- viene Jesús a dar contestación.
- Dios responde al sufrimiento con un bienaventurados los que lloran… Dios permite el sufrimiento por un bien mayor.
- Este es un mundo asolado por la inmoralidad o la amoralidad, que quiere asimilar al Cuerpo portador de la Verdad, de su doctrina y buena nueva. Un mundo que no tiene nada que ofrecer, muerto en vida.
- Una existencia personal sin nomos («anomos paulino»), es decir sin moral, sin principios o o leyes de conducta que obligan por conciencia, resulta ser una existencia sin sustrato propiamente humano; o sea, que quien se conduce por la amoralmente, acaba animalizándose.
- Dios no está lejos de las buenas personas, no las abandona, secretamente las trabaja para que le conozcan y si no, para que sigan siendo buenas que es una manera de hacer su voluntad sin que se sepa, hay una mística oculta en todo esto.
- Quien no se responde a qué quiero hacer de mi como persona, al final lo acaba pagando moralmente, es decir, que roza el subdesarrollo más humano y verdadero de lo que significa haber vivido para alcanzar un grado de nobleza interior que te encumbra sobre la materia, sino uno será contado como una cosa más, ajeno a lo que nos hace trascender.
- El «telos» (del griego aristotélico τέλος) se refiere al fin, propósito, meta o causa final de algo. El hombre de Occidente vive en función del telos conformado por la triada el tener-poder-placer. Todo lo que aparezca fuera de ese círculo, le no le afecta, carece de interés, lo obvia y hasta lo desprecia. Y máxime si esto aparece cuestionar aquel telos o fin vital; lo cual ocurre con lo que supone la palabra Dios, moral, alma, otra vida, sentido, trascendencia, salvación, etc. Estas realidades de carácter espiritual suponen un ataque a la lógica materialista en que se sustenta y desenvuelve su día. El mensaje cristiano ha de ofrecerse para desenmascarar ese falso sentido de la vida de ese hombre actual, reducido a la más execrable materialidad y a la finitud porque su enfoque vital, su cosmovisión, está forjado en la aspiración a telos o blanco errado e impropio de su dignidad.
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