- Fuera del cristianismo no hay libertad, y hoy día muy especialmente.
- Este es un dato a meditar con admiración: Las mujeres nuca hicieron daño a Jesús.
- La razón puede ideologizarse, caer bajo las ideologías, lo cual –como se ha visto– lleva a producir monstruos: vean lo provocado en encarnizadas revoluciones y guerras en estos 250 años últimos, o la locura actual de la ideología de género, que se ha asumido como algo lógico.
- Somos realmente felices cuando nos damos cuenta de que somos amados por quienes nos dieron la vida –Dios y padres-, gratuitamente, sin nada a cambio, por pura gracia. Eso es lo que hace el Señor con nosotros, y descubrir realmente esto, es comenzar a enamorarse de Dios. Sentirse amado y amar es lo más importante de la vida.
- El agnosticismo es un destilado del escepticismo. Este es el estado mental del hombre occidental. De ahí que se dé tanta increencia en la actualidad.
- El inocente está abierto a más verdad; el escéptico, no. La desconfianza, que es propia del escepticismo, alienta la sospecha de cualquier pretensión de verdad. La dureza interior propiciada por la ausencia de inocencia, causada por la decepción de la realidad, los desengaños e infidelidades, es refractaria a creer. Jesús supo ante quien estaba cuando guardó silencio al preguntarle Pilado ahíto de escepticismo: “¿qué es la verdad?”.
- Para que haya revelación se tiente que dar el asombro, sin capacidad de sorpresa no hay manifestación; sin receptor no hay mensaje de emisor posible. Sin corazón de carne –tierno, sensible, inocente, infantil, sensible, simple– la palabra de Dios no tiene acogida; la semilla de la revelación cae en tierra árida.
- Dios se pliega a las «reglas del juego», respeta al mundo en su orden; cuando entra en la historia humana –de la que él ha sido su creador- lo hace con todas sus consecuencias, asumiendo sus limitaciones y circunstancias. A modo de ejemplo, Jesús en la pasión podría haberse ahorrado muchos dolores, peo no lo hizo. (La Virgen María es otro claro ejemplo, asumió una vida nada fácil).
- Dice el ateo Ludwig Feuerbach «somos lo que comemos»; el cristiano afirma que su alimento es aquel que procura la vida eterna, que es Cristo eucarístico, vida eterna no tanto de futuro, de el vivir para siempre sino en la vida que ya podemos comenzar a vivir aquí, en la tierra, al alimentarnos de la vida de Cristo; es decir, experimentar el reino de Dios ya (aunque todavía no del todo).
- Hay que tomarse verdadera muy en serio, mirarlo –repasarlo– como una piedra preciosa, eso que Jesús nos dice: «Sin mi no podéis hacer nada» (Jn 15,5b), «Te basta mi gracia» (2 Cor 12,9).
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