- Dios no obliga, deja libertad; lo cual es un riesgo y la grandeza de lo que somos: personas, con capacidad de amar, pues no hay verdadero amor sin libertad, solo se ama desde esta. El riesgo es la frustración a que nuestra libertad se niegue a amar. Nuestra elevada dignidad es directamente proporcional a nuestra libertad.
- Ante el intento de cambiar la doctrina católica hay que estar en guardia: Con lo de la Fiducia Supplicans, lo que no se ha conseguido por la sinodalidad, se ha pretendido de forma autocrática. Los progres han sido descubiertos: si no se consigue por la puerta principal, pues por la puerta trasera.
- La grandeza del Espíritu se manifiesta en la pequeñez.
- Los sencillos a la hora de la generosidad no echan cálculos, actúan sin trabas especulativas, impulsados por la Bondad. Los sencillos y bondadosos son aquellos que son de Dios, pues se asemejan en su natural ser al proceder de la impronta divina que lleva dentro y que les moldea a su imagen. Están liberados de la mentalidad mercantil del interés como forma de estar y relacionarse con la realidad.
- «La oración dirigida a Dios es necesaria por causa del mismo hombre que ora, a fin de que se haga idóneo para recibir«. (Santo Tomás de Aquino[1]). Este es el empeño mayor: estar atentos a las manos del Señor para recibir lo que nos ofrece y no defraudarle perdiendo lo que su amor nos quiere dar.
- No hay cosa peor que rechazar -conscientes o inconscientemente- la bondad de Dios, su gracia, su amor misericordioso… Él está siempre dispuesto a proporcionarnos cuanto necesitamos para que seamos santos como Él.
- Hoy vivimos ausentes de inteligencia de corazón: esa capacidad para ver la realidad según la contempla Dios, una aproximación amable, cordial, a lo que nos sucede en la vida.
- Dios es un padre amantísimo por sus hijos, dispuesto siempre a perdonarles todas su travesuras. De modo que estando en sus manos no hay nada que temer, plena confianza. Ahora bien, el peligro y temor radica en nosotros mismos: si nuestro grado de maldad (de encanallamiento por los pecados) nos hiciera tanto mal que nos impidiera aceptar ese salvador amor misericordioso paternal; lo cual es de una gravedad extrema, pues nos puede llevar al abismo eterno.
- Quien vive habitualmente en un sincero y real trato con Dios, en gracia, frecuentando los sacramentos, orando, adorando, ajustándose en su proceder a la voluntad de Dios…, está en disposición de ser receptivo a la amable luz divina que va iluminando a faz del alma.
- Connaturalizarse con Jesús, he ahí el misterio de todo; ese llegar a ser tan íntimos en amistad, en trato cordial y continuado, que participemos de los sentimientos de él, por osmosis, de forma que la vida divina, la del amor que se da en la Trinidad, corra por nuestras venas.
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