Palabras del Papa, 9-1-2018Reflexión en la misa matutina en la capilla de Santa Marta: Tres características en las que se sostiene la autoridad del sacerdote: emoción, cercanía y coherencia. Fue el mismo Jesús el que estableció esta autoridad pastoral, y así figura en el Evangelio de San Marcos en el que se narra cómo los asistentes a la sinagoga de Cafarnaúm quedaban asombrados de la autoridad de Cristo.
A diferencia de las enseñanzas de los escribas y doctores de la ley de Israel, que enseñaban desde sus cátedras alejados de la gente, la enseñanza de Jesús provocaba el estupor de la gente, movía sus corazones. Jesús tenía autoridad porque se acercaba a la gente. Debido a que era cercano, entendía; y también podía acoger, curar y enseñar con cercanía. Lo que da autoridad a un pastor, o lo que despierta la autoridad que es dada por el Padre, es la cercanía: cercanía a Dios en la oración – un pastor que no reza, un pastor que no busca a Dios – ha perdido en parte la cercanía a la gente. El pastor separado de la gente no llega a la gente con el mensaje. Cercanía, esta doble cercanía (a Dios y a la gente).. Ésta es la unción del pastor que se conmueve ante el don de Dios en la oración, y se puede conmover ante los pecados, ante los problemas, ante las enfermedades de la gente: conmueve al pastor. En la época de Jesús, los escribas, los doctores de la ley, habían perdido la capacidad de conmoverse porque no estaban cerca ni de la gente ni de Dios. Como consecuencia, habían perdido la coherencia de vida. Es lo que Jesús advirtió cuando decía a la gente: “Haced lo que dicen, pero no lo que hacen”. Es terrible ver a pastores con doble vida: es una herida en la Iglesia. Pastores que han perdido la autoridad y que siguen adelante con esta doble vida. Jesús es muy duro con los que llevan una doble vida. Además de decir a la gente que les escuche pero que no hagan lo que hacen, ¿qué más dice? Les dice: «Sois sepulcros blanqueados”, es decir, bellos en la doctrina, por fuera, pero podridos por dentro. Este es el fin del pastor que no tiene cercanía con Dios en la oración, y con la gente en la compasión. Yo diría a los pastores que han vivido la vida separados de Dios y del pueblo, de la gente: A pesar de todo, no perdáis la esperanza. Siempre existe una posibilidad. La autoridad es un regalo de Dios. Sólo procede de Él y Jesús la da a los suyos. Autoridad en el hablar, que procede de la cercanía con Dios y con la gente, siempre juntos. Autoridad y coherencia, nada de doble vida. Y si un pastor pierde esa autoridad, que al menos no pierda la esperanza: siempre hay tiempo de acercarse y de revestirse de autoridad.
|
Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

