Los dos olivos

Menorá-Istockphoto

La primera lectura (Ap 11,4-12) de liturgia de la misa de hoy, 19 de noviembre, trata sobre estos dos personajes misteriosos.

Ellos volverán al final de los tiempos. Estarán llenos del Espíritu Santo, predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios por ellos; harán grandes prodigios, por la virtud del Espíritu, y condenarán los errores del Anticristo.

Se le conocía con los nombres de Elías y Enoc. Nombres de los profetas del Antiguo Testamento que excepcionalmente fueron arrebatados[1] al cielo sin pasar por la muerte. Había quienes creían en ellos. Ahora, milagrosamente, volvían para cumplir la misión encomendada según las Sagradas Escrituras anunciaban: “Haré que mis dos testigos profeticen durante 1260 días, cubiertos de sayal”[2]. “He aquí que yo os envío al profeta Elías antes que llegue el Día de Yahvé, grande y terrible”[3]. Y se levantó Elías, profeta, como un fuego, y su palabra era ardiente como una antorcha[4].

Y es posible que suceda algo así (interpretación libre):

El sexto sello se abre  casi al final de la gran tribulación, tras el asesinato de los dos olivos, 1260. Este sello  sería la intervención divina,  previa o en los umbrales del día de la ira o los tres días de tiniebla, que sería el séptimo sello, conteniendo las trompetas y las copas.

El séptimo sello, que se abre 30 días después del sexto, da lugar a los tres días de oscuridad, y da paso a las trompetas y copas (la intervención divina definitiva; ya iniciada en el sexto sello, a raíz de la muerte de los dos olivos, pero que ahora manifiesta todo su poder, de forma virulenta, según se plasma en los septenarios de las copas y las trompetas).

 

Lectura del libro del Apocalipsis (11,4-12):

Me fue dicho a mí, Juan:
«Aquí están dos testigos míos, estos son los dos olivos y los dos candelabros que están ante el Señor de la tierra. Y si alguien quiere hacerles daño, sale un fuego de su boca y devora a sus enemigos; y si alguien quisiera hacerles daño, es necesario que muera de esa manera. Estos tienen el poder de cerrar el cielo, para que no caiga lluvia durante los días de su profecía, y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre y para herir la tierra con toda clase de plagas siempre que quieran.
Y cuando hayan terminado su testimonio, la bestia que sube del abismo les hará la guerra y los vencerá y los matará. Y sus cadáveres yacerán en la plaza de la gran ciudad, que se llama espiritualmente Sodoma y Egipto, donde también su Señor fue crucificado. Y gentes de los pueblos, tribus, lenguas y naciones contemplan sus cadáveres durante tres días y medio y no permiten que sus cadáveres sean puestos en un sepulcro. Y los habitantes de la tierra se alegran por ellos y se regocijan y se enviarán regalos unos a otros, porque los dos profetas fueron un tormento para los habitantes de la tierra».
Y después de tres días y medio, un espíritu de vida procedente de Dios entró en ellos, y se pusieron de pie, y un gran temor cayó sobre quienes los contemplaban. Y oyeron una gran voz del cielo, que les decía:
«Subid aquí».
Y subieron al cielo en una nube, y sus enemigos se quedaron mirándolos.

 

Los primeros tres versículos también tienen interés en ser vistos, en cuanto revelan la situación:

Luego me fue dada una caña de medir parecida a una vara, diciéndome: «Levántate y mide el Santuario de Dios y el  altar, y a los que adoran en él.

El patio exterior del Santuario, déjalo aparte, no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles, que pisotearán la Ciudad Santa 42 meses.

Pero haré que mis dos testigos profeticen durante 1260 días, cubiertos de sayal».

Hay otros texto de la Sagradas Escrituras en que se hace referencia a los dos olivos:

Zacarías, capítulo 4

 [1]Volvió el ángel que hablaba conmigo y me despertó como a un hombre que es despertado de su sueño. [2]Y me dijo: «¿Qué ves?» Dije: «Veo un candelabro todo de oro, con una ampolla en su vértice: tiene siete lámparas y siete boquillas para las siete lámparas que lleva encima. [3]Hay también dos olivos junto a él, uno a su derecha y el otro a su izquierda.»  (…) [11]Entonces tomé la palabra y le dije: «¿Qué son esos dos olivos a derecha e izquierda del candelabro?» [12](Añadí de nuevo y le dije: «¿Qué son las dos ramas de olivo que por los dos tubos de oro vierten de sí aceite dorado?») [13]El me habló y dijo: «¿No sabes qué es esto?» Dije: «No, mi señor.» [14]Y él me dijo: «Estos son los dos Ungidos que están en pie junto al Señor de toda la tierra.» 

El Antiguo y Nuevo Testamentos  hablan de dos personajes que fueron arrebatados en vida: Elías y Enoc. Ambos fueron llevados al cielo sin pasar por la muerte (Gn 5,21-24; -y en Heb 11,55-; y 2 Rey 2, 11) y ambos volverán durante la Gran Tribulación para enfrentar públicamente al Anticristo.

Génesis, capítulo 5

21 Henoc tenía sesenta y cinco años cuando fue padre de Matusalén.22 Henoc siguió los caminos de Dios. Después que nació Matusalén, Henoc vivió trescientos años y tuvo hijos e hijas. 23 Henoc vivió en total trescientos sesenta y cinco años. 24 Siguió siempre los caminos de Dios, y luego desapareció porque Dios se lo llevó.

 Hebreos, capítulo 5

 5Por la fe fue arrebatado Henoc, sin pasar por la muerte; no lo encontraron, porque Dios lo había arrebatado; en efecto, antes de ser arrebatado se le acreditó que había complacido a Dios.

 2 Reyes, capitulo 2

11Mientras ellos iban conversando por el camino, de pronto, un carro de fuego con caballos de fuego los separó a uno del otro. Subió Elías al cielo en la tempestad. 

Santiago, capítulo 5

17 Elías era un hombre como nosotros, y sin embargo, cuando oró con insistencia para que no lloviera, no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses.

 2 Corintios, capitulo 12

2 fue arrebatado hasta el tercer cielo. 3Y sé que ese hombre —si en el cuerpo o sin el cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe—.

Santa Hildegarda dejó estás líneas referidas a Enoch y Elías

 Entonces hacia el fin, aparecerán dos potencias, como en las dos cabezas, una que va para arriba hacia la salvación, incluso entre angustias y apuros, que es la de Enoch y de Elías. La otra, que tiende en cambio hacia la perdición rechinando los dientes y aparentando milagros gloriosos y virtud, que es la del Anticristo.

Para qué Enoch y Elías resucitarán de la muerte a los ojos de todo el mundo. Levantándolos sobre una nube, se confirmará definitivamente la resurrección de los muertos y la antigua serpiente reaccionará suscitando en el hijo de la perdición el máximo furor contra Dios y los santos.

Después de que Enoch y Elías hayan padecido la muerte del cuerpo por obra del hijo de la perdición, ocurrirá que los seguidores de éste se alegrarán mucho viendo que los ha destruido, pero posteriormente, cuando el espíritu de vida los resucite y los lleve para arriba sobre las nubes, su alegría se transformará en temor, tristeza y gran desconcierto.

La fe en la Iglesia zozobrará hasta el testimonio de Enoc y Elias. Desde la época de las persecuciones con que el Hijo del Demonio atormentará a los fieles hasta la enseñanza de Mis dos testigos, Enoc y Elias, que despreciarán lo terrenal y consagrarán todo su esfuerzo a los deseos celestiales, la fe en la Iglesia zozobrará.

Santo Tomás de Aquino, según él, Henoc y Elías, se encuentran preservados en el cielo atmosférico (que se identifica con el paraíso terrenal), pero no en el cielo empíreo (el Cielo propiamente entendido). (Suma Teológica III, q. 49, a. 5). Santo Tomás, con los Santos padres de la Iglesia, nos dice que Enoc y Elías están esperando fuera en el espacio exterior y que volverán al final de los tiempos para la batalla con el anticristo. 

En la revelaciones de la Virgen de La Salette también se menciona a estos dos personajes:

La Iglesia será eclipsada, el mundo se hallará en la consternación. Pero he aquí a Enoch y Elías llenos del Espíritu de Dios; ellos predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas; harán grandes progresos por virtud del Espíritu Santo y condenarán los errores diabólicos del anticristo.

…………………..

[1] Elías subió al cielo en el torbellino  (2Re 2,11b). Henoc agradó al Señor y fue arrebatado, él es modelo de conversión para las generaciones futuras ( Eclo 44,16; cf Gen 5,23-24).

[2] Ap 11,3.

[3] Malq 3,23.

[4] Eclo 48,1.

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