Libertad para el bien

Dios nos ha hecho libres, libres para elegir el bien y no el mal, es una libertad positiva en la que Dios está de nuestro lado para alentarnos (inclinarnos, por la gracia y semejanza a Él) a que nos decidamos por el bien.

En la primera lectura de la misa de hoy, 3 de marzo, se nos habla de esta elección:

Lectura del libro del Deuteronomio (30,15-20):

MOISÉS habló al pueblo, diciendo:
«Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Pues yo te mando hoy amar al Señor, tu Dios, seguir sus caminos, observar sus preceptos, mandatos y decretos, y así vivirás y crecerás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla.
Pero, si tu corazón se aparta y no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les sirves, yo os declaro hoy que moriréis sin remedio; no duraréis mucho en la tierra adonde tú vas a entrar para tomarla en posesión una vez pasado el Jordán.
Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra. Pongo delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que juró dar a tus padres, Abrahán, Isaac y Jacob».

 Comentario:

En la elección del bien se produce como una apropiación del mismo; hay un refrendo extraordinario de la dignidad y grandeza del ser humano concreto. Elegir el camino (seguir sus caminos, observar sus preceptos) marcado por Dios, el hacer el bien desde la libertad es una participación voluntaria de la persona humana en la bondad, es decir, en la voluntad del Señor, que es la forma de amarle (mando hoy amar al Señor) . De modo que se participa en la obra o reino de Dios, y esto se le imputa como gracia, gracia que santifica y salva (así vivirás y crecerás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla).

Si te apartas de la elección el camino del bien querido por Dios, desviándote por el camino dl mal, donde te arrastran los dioses de lo malo (los demonios), y comprometes tu estancia en la prometida, es decir, que corres el grave riesgo de no entrar en el paraíso eterno, no serás salvo: (si tu corazón se aparta y no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les sirves, yo os declaro hoy que moriréis sin remedio; no duraréis mucho en la tierra). Y esta es la hora del juicio solemne: Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra.

Y concluimos insistiendo en como empezamos: tengo ante mí elecciones de vida o de muerte; el Señor invita a que optemos por el camino del bien, es su voluntad, y supone la vida, la bendición, el amor que salva:  Pongo delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida.

  

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