Lecturas  de la Solemnidad de la Santísima Trinidad

En las lecturas de este domingo en que hemos celebrado la Solemnidad de la Santísima Trinidad, hemos creído interesante fijarnos en algunas líneas tanto de la segunda lectura (Rom 5,1-5) como del evangelio (Jn 16, 12-15) que nos han captado la atención. (Abajo pueden leer ambas).

Como diría santa Teresa del Niños Jesús, todo es gracia. En la lectura de san Pablo así se nos pone de manifiesto. Por gracia de Jesús hemos sido vinculados con el Padre, por medio de la gracia de la fe otorgada por él, nos hemos abierto a vivir en relación con Dios, en estado de gracia. Viviendo en este estado bienaventurado, nos hallamos en la expectativa que proporciona la esperanza, también otorgada por Cristo, para «alcanzar la gloria de Dios». De modo que hasta los momentos malos, de tribulación, se hace propicios para vivir de la esperanza de la gloria que nos espera.

Y si leemos de atrás hacia adelante las tres últimas líneas, lo haríamos así: El Espíritu Santo, amor de Dios, por el Padre y a través del Hijo se nos ha dado, «derramado en nuestros corazones«, también es gracia; Espíritu de Dios que es generador de esperanza; esperanza, gratuita, que proporciona la virtud de la constancia, que se pone a prueba en las circunstancias de vivir de cada día, en sus contratiempos e incluso en la tribulación.

El que seamos glorificados por Dios, con la participación de las Tres Personas, representa a su vez gloría para el mismo Dios, que ve el efecto de su amor misericordioso, hecho gracia viva en nosotros «sus hijos»; como dijera san Ireneo: «la gloria de Dios consiste en que el hombre viva y la vida del hombre consiste en la visión de Dios«.

Esto de san Pablo nos recuerda a aquello de san Juan: Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. (Jn 3,16-17).

En evangelio del día dice Jesús que, aún, «muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena».

Este texto está íntimamente conectado con el de san Juan también: «El Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todo y os recordará todas las cosas que os he dicho(Jn 14,26).

Dos cuestiones a destacar: que, claro, la revelación aunque esté toda que su desarrollo y esclarecimiento, siempre enriquecedora, que corre a cargo del Espíritu Sano; como su actualización y vivificación, recodándola y animándonos a cumplir la verdad de Cristo.

Todo lo comunicado por Jesús procede el Padre y lo que va a comunicarnos el Espíritu Santo, procede del Padre y del Hijo. La Trinidad interviene comunitariamente.

E hilando la lectura de san Pablo y el evangelio de san Juan, podemos concluir en este texto del mismo Juan:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que escucháis no es mía sino del Padre que me ha enviado. Os he hablado de todo esto estando con vosotros; pero el Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todo y os recordará todas las cosas que os he dicho(Jn 14,23-26)

Por medio de nuestro Señor Jesucristo se nos ha otorgado la posibilidad de la reconciliación con Dios y la salvación, pero nos debemos abrir a recibirlo, con fe, haciendo su voluntad. De esta manera, abriendonos a su amor, que se nos derrama, seremos habitados por el Espíritu Santo, por la Santísima Trinidad, porque allí donde esta una de las tres personas, también están las otras. ¡Qué gran responsabilidad, la de tener en nosotros, en cada uno, la presencia de Dios trino! ¡Somos un sagrario viviente!

 

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Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 1-5:

Hermanos:
Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos; y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios.
Más aún, hasta nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia, la constancia, virtud probada, la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 12-15:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.
Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando.
Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará.»

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Palabras del papa Francisco
(Homilía, 26 mayo 2024. Santísima Trinidad)

Pidamos siempre a Dios, que es nuestro Padre, que nos acompañe en la vida y que nos haga crecer. Y, ¿cómo se llama el Hijo? ¿Cuál es el nombre del Hijo? [Los niños responden: “Jesús”]. ¡No oigo bien! “Jesús”. Oremos a Jesús para que nos ayude, para que esté cerca de nosotros. Y también cuando comulgamos recibimos a Jesús y Jesús nos perdona todos los pecados. ¿Es verdad esto, que Jesús perdona todo? [Los niños responden: “Sí”]. No se oye, ¿qué sucede? ¿Es verdad? ¡Sí! ¿Pero siempre perdona todo? [Los niños responden: “Sí”]. ¿Siempre, siempre, siempre? [Los niños responden: “Sí”]. Y si hay un hombre o una mujer, pecador, pecador, muy pecador, con tantos pecados, ¿Jesús los perdona? [Los niños responden: “Sí”]. ¿Perdona también al más feo de los pecadores? [Los niños responden: “Sí”]. No se olviden de esto: Jesús perdona todo, siempre perdona. Nosotros debemos tener la humildad de pedir perdón. “Perdóname, Señor, me he equivocado. Soy débil. La vida me ha puesto en dificultad, pero tú lo perdonas todo. Yo quisiera cambiar de vida y tú me ayudas”. Pero no he oído bien, ¿es verdad que perdona todo? [Los niños responden: “Sí”]. Entonces, no se olviden de esto.

El problema es: ¿quién es el Espíritu Santo? La respuesta no es fácil, porque el Espíritu Santo es Dios, está dentro de nosotros. Nosotros recibimos el Espíritu Santo en el Bautismo, lo recibimos en los sacramentos. El Espíritu Santo es el que nos acompaña en la vida. Pensemos esto y digámoslo juntos: “el Espíritu Santo nos acompaña en la vida”. Todos juntos: “el Espíritu Santo nos acompaña en la vida”. Es Aquel que nos habla en el corazón y nos sugiere las cosas buenas que debemos hacer. Otra vez: “el Espíritu Santo nos acompaña en la vida”. Es Aquel que cuando hacemos algo mal nos reprende por dentro. “El Espíritu Santo nos acompaña en la vida”. Ya lo han olvidado, no los escucho, ¡otra vez! El Espíritu Santo es el que nos da la fuerza, nos consuela en las dificultades. Juntos: “el Espíritu Santo nos acompaña en la vida”.

Así, queridos hermanos y hermanas, queridos niños y niñas, estamos todos felices porque creemos. La fe nos hace felices. Y creemos en Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Todos juntos: “Padre, Hijo y Espíritu Santo”. El Padre nos creó, Jesús nos salvó, y el Espíritu Santo, ¿qué es lo que hace?

Muchas gracias a ustedes. Saben que para estar seguros, los cristianos también tenemos una Madre, ¿cómo se llama nuestra Madre? ¿Cómo se llama nuestra Madre del cielo? [Los niños responden: “María”]. ¿Saben rezar a la Virgen? [Los niños responden: “Sí”]. ¿Seguro? Hagámoslo ahora, quiero escucharlos, a todos. [Los niños recitan el Ave María]. Muy bien chicos y chicas, muy bien niñas y niños, ustedes son estupendos. El Padre nos creó, el Hijo nos salvó y, ¿qué hacía el Espíritu Santo? ¡Excelente! Que Dios los bendiga, recen por nosotros, para que podamos seguir adelante. Recen por los padres, por los abuelos y por los niños enfermos. Aquí hay muchos niños enfermos detrás de mí. Recen siempre y sobre todo recen por la paz, para que no haya guerras. Ahora continuamos la Santa Misa. Pero, para no olvidarnos, ¿qué hace el Espíritu Santo? ¡Excelente!

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