La tibieza existencial

La tibieza tiene algo de empalagosa mediocridad, de náusea, y con razón dice la Sagrada Escritura: “Esto dice el Amén, el testigo fiel y veraz, el principio de la creación de Dios. Conozco tus obras: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero porque eres tibio, ni frío ni caliente, estoy a punto de vomitarte de mi boca. Porque dices: `Yo soy rico, me he enriquecido, y no tengo necesidad de nada´; y no sabes que tú eres desgraciado, digno de lástima, pobre, ciego y desnudo.” (Ap 3,14-17). En algo así estamos o nos encaminamos a toda velocidad. De modo que es una perspectiva existencial poco aragüeña.

Vivimos tiempos de egoísmo, en que la gente se despreocupa de todo, hasta parcialmente de uno mismo. Y en esta pobreza y desnudez personal, tan solo reclama la descomplicada y lánguida compañía de una mascota: un perrito que haga cual sucedáneo de un hijo. Cada vez más se ven a personas solas, una o en pareja, que se hacen acompañar o llevar sobre un cochecito de bebé a un llamado perrhijo.

Se ha pasado en tan solo unas décadas de tener familia numerosa a no tener hijos, y de no tener en cuenta a los animales, especialmente a los perros, como animales de compañía, sino para cuidar y cazar, a brindarles unas atenciones como si fuera uno más de la familia, hasta constituirse una nueva forma de familia, la de la “multiespecie”. En España, el número de perros (9,3 millones) supera holgadamente el de niños menores de quince años (apenas 6,7 millones).

Y esto es ahora; andado, andando, llegaremos a lo de tener un muñeco por mascota, un robot humanoide, un muñeco con mucha inteligencia artificial, pero sólo eso. Vamos camino a una existencia de corcho, no humana; donde todo flotara como sobre la superficie de las cosas, las vicisitudes, los problemas, las decepcionantes relaciones, los desengaños e infidelidades, sin disgustos o más que nos necesarios e imprescindibles, etc., donde todo resulte confortable,  cómodo y placentero. Entonces se vivirá bien, muy bien, teniendo todo, pero como ausentes.

Da flojera mental y moral ver el marchamo vital de los seres humanos en la actualidad. La vulgar acomodación a la pasiva confortabilidad de estar situados en la nada, en la vacuidad del que no necesita nada auténtico y se conforma, marchitas todas las inquietudes, con transitar por esta vida como un corcho flotando, que no se hunde, pero que va a la deriva, irremisiblemente.

Si desean informarse sobre esta cuestión de por qué los jóvenes españoles prefieren tener mascotas en lugar de hijos, pueden leer AQUÍ.

 Esta es la situación de la apatía real existencial que no es sino una falta de pulso interior, de personas con una espiritualidad fuerte, y que se deslizan a la insipidez de una felicidad egoístamente hedonista. Esta esterilidad no es cuestión solo de la nula natalidad, anticonceptiva y abortista, sino que también obedece a una cultura de muerte que se ha instalado, como si nada, en el sentir social: ahí está la cada vez mayor amenaza de la eutanasia.

 Y antes de finalizar esta reflexión sobre el fondo de lo que releva esta excepcional relevancia en nuestros días de esos animales de compañía, añadir algo más: la acentuada preferencia, consideración y trato sobre ellos anteponiéndolo a las mismas personas. Se hacen leyes animalistas que protegen a los animales incluso salvajes casi más que a los seres humanos, pensemos en la protección que poseen algunas especies, como el lobo, o las crías o huevos de algunas otras, que ya las querían para sí nos nasciturus en el vientre de las mujeres. Y a esto añadir los cuidados de todo tipo que se da a los perrhijos, que se les trasporta en cochecitos de niños, se les viste, peina, etc., y en los que se gasta un buen dinerito, que vendría muy bien para tantos seres humanos como mueren de hambre. En fin… ¿para qué seguir? Humanizando a unos y deshumanizando a otros. Ya decía Chesterton, tras el ideal de tratar a los animales como si fuesen seres humanos, se esconde el secreto anhelo de tratar a los seres humanos como si fuesen animales. ¿Y por qué será?

P.D.:

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