La persecución de los cristianos por la «corrección política»

Mientras en Asía, Medio Oriente y África los cristianos estamos expuestos a la persecución violenta, en Occidente lo estamos a la opresión de la “corrección política” que busca eliminar la religión del espacio público.

Por un lado so capa de no tensionar ni provocar enfrentamientos, envuelto en un buenísimo tonto y en una atmósfera de corrección política, más otros intereses inconfesables (comercio regular e irregular) al que no se quiere renunciar pues proporciona suculentos beneficios, más el no perder influencia política en determinadas zonas, más otras cuestiones ocultas (como sería el que se está de acuerdo con el exterminio del cristianismo, pues operan a favor de las Tinieblas).

Según un informe del obispo anglicano de Truro, Philip Mounstephen, para el ministro británico de Asuntos Exteriores, Jeremy Hunt, afirma que «extensión geográfica de la persecución anticristiana, sino también de su creciente dureza». Y añade que «en algunas regiones, puede decirse que el nivel y la naturaleza de la persecución se está acercando a la definición internacional de genocidio adoptada por Naciones Unidas». «La incómoda verdad es que la abrumadora mayoría de los creyentes perseguidos (en torno al 80%) son cristianos».

El mucho de estos países la existencia para los cristianos se ha hecho prácticamente imposible. Lo cual ha provocado el abandono de sus tierra para muchos de ellos. Llegando a ser alarmante el éxodo producido (por ejemplo, en Oriente Medio los cristianos han pasado de ser el 20% de la población a ser el 5%. los cristianos en Palestina han pasado de ser el 15% a ser el 2%).

Esta persecución violenta que amenaza a casi 400 millones de cristianos (desde la discriminación constante en la educación o en el acceso al mercado de trabajo, hasta los ataques genocidas contra las comunidades cristianas, secuestro y asesinato de sacerdotes), se torna «pacífica» en Occidente, bajo apariencia de «corrección política» se da tolerancia y cobertura a una persecución silenciosa pero eficaz y continua, que poco a poco va dando sus frutos: expulsar a la religión cristiana de la vida social, silenciar la voz de la religión, o al menos relegarla a la mera esfera privada (recluirlos en las catacumbas); la fe y la moral cristianas se tachan de hostiles y ofensivas, y por tanto, como algo que hay que eliminar del discurso público.

Esta coactiva limitación de la libertad religiosa, especialmente cristiana, se produce paradójicamente en algunas naciones que presumen de tolerancia (si pero…, otra paradoja más: tolerancia con ideologías, lobbies, ONGs, sectas, religiones, etc., que «compiten» contra el cristianismo y muy especialmente contra el catolicismo).

Para finalizar: Llama ya la atención un dado: hace unos años, no muchos, en Europa el hecho de ser cristiano era un valor estimado, hoy en cambio es un término del que se «huye». Esto se ve, por ejemplo, en la política: un partido político ya «no vende», capta votantes, con posicionamientos cristianos.  Esto ocurre en cualquier ambiente social: actuar y hablar públicamente como un cristiano en la vida profesional nunca fue tan arriesgado o al menos tan menos considerado.

 

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