La Navidad, “fiesta de la fiestas”

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Para San Francisco la Navidad era, de todas las grandes fiestas, su preferida. Él la que llamaba “fiesta de la fiestas”. Y a él se debe la «invención» del tradicional Belén.

Dado el momento navideño que vivimos exponemos una singular y significativa anécdota propia de una alma como la suya.

San Francisco era un ser tan sumergido en la presencia del Espíritu de Dios, que era movido a unos grados de libertad extraordinarios; esta anécdota en la que rompe «moldes o estereotipos», es una muestra de ello:

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           Era Navidad. Fecha especialmente dichosa para la Francisco y su incipiente hermandad. La fecha en que cayó ese año la celebración de natividad cayó en viernes. Por entonces, existía el precepto de vigilia, es decir de abstinencia de comer carne ese día de la semana. Como uno de los nuevos hermanos rehusaba comer carne ese día, Francisco lo invitó a sentarse a la mesa, y obviara la ley y comiera carne.

          —Hermano Morico —le dijo en la alegría de su Espíritu—, no hay vienes que importe cuando es Navidad. Si las paredes pudieran comer carne, se la ofrecería para que también ellas pudieran festejar el nacimiento de Cristo. Hasta ellas tendría que comer carne. Y aunque no puedan hacerlo, haré que la prueben.

           Y diciendo eso, tomó un trozo de carne y frotó con él las cuatro paredes de la Porciúncula; en gesto inequívoco de que hasta la hermana tierra y todo el universo entero habían de celebrar la venida de Cristo.

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    El Señor es Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad (2 Cor  3,17).   

 


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