La medida de nuestra responsabilidad tiene el tamaño de un grano de arena

maxpixel
maxpixel

         «Hazte un dios para el infortunado imitando la misericordia de Dios” (San Gregorio Nacianceno)[1].

         “¿No escuchas, pues, nuestras preces?, te he preguntado; pero debería haber dicho: ¿Escucho yo las súplicas de todas tus criaturas?

         ¡Padre! ¡Señor y Dios! Ya veo lo que tengo que hacer; y me espanta la tarea: `Tengo que hacerte bueno´” (Peter Lippert)[2].

 

 *****

           Por las calles de Río de Janeiro, Sao Paulo, México, Medellín, etc., se pueden ver gran número de niños abandonados.

           Un día ya entrada la noche, paseando por una de esas calles, vi a un grupo de esos jovencitos malandros en unas condiciones de pobreza extrema hurgando en los cubos de basura. Pedí y pregunté a Dios: «¿El porqué? ¿Cómo era posible que consintiera aquello y no pusiera remedio? Todos aquellos niños sin hogar son un clamor al cielo. ¡Dales un hogar, Señor!»

            Y el Señor me habló:

           —Es curioso, Juan, mira, acabo de estar en la misa en una aldea pobrísima perdida en medio de la salva centroafricana, y en las preces un coro de niños me pedían, ¡qué digo me pedía! ¡me suplicaban con sus clamorosas vocecitas!: «Señor Dios nuestro, Padre bueno, haz que los hombres que viven en las tierras ricas se acuerden de nosotros; mueve sus corazones para que nos manden medicinas y alimentos,…”. ¿Qué opinas, tu? Pues bien, he pensado oyéndote que una solución a lo que tan fervientemente me pides y te quejas, que tal vez les podríamos dar el tuyo, es decir, hacerles un sitio en tu casa. Si tu quieres ahora oír mi ruego hacia ti.

           —¡Señor, pero yo no puedo…!

           Dios guardó silencio un instante. Y luego dijo lacónica y taxativamente:

          —No me vale.

          —¡Señor, si mi hogar es muy pequeño y son tantos…!

           —No me vale.

           —Señor, lo que yo podía hacer por esas criaturitas es insignificante.

           —No me vale.

           —Eso ha de solucionarse a gran escala; son los Estados los que tienen que poner medidas a un problema de magnitudes tan desproporcionadas.

           —No me vale.

           —¡Pero, Señor,…!

         —Es insignificante, Juan; lo sé. Pero es la insignificancia lo que caracteriza al ser humano, y en esa pequeñez te has de asumir. Eres como un grano de arena. Por otra parte, es cuanto se te exige: hacer lo que puedas; es poco, muy poco. Pero ese poco es toda tu responsabilidad.

  ….. 

           Nuestra responsabilidad se reduce a un grano de arena. Un grano de arena que ocupa toda nuestra conciencia.

  *****

 

         Estoy tratando de hacer algo ?nos viene a decir el Señor en el fondo de la conciencia?, y trato de hacerlo a través de ti, contigo; pero tu te niegas a que hagamos algo juntos. Yo no te tengo más que a ti para llevarlo a cabo, y tú no me tienes más que a mí, para realmente poder hacer algo.

  …..

 

         Qué puedo hacer por la gente del tercer mundo, por esas noticias luctuosas y tremendas, de desgracias de todo tipo,… No puedo hacer nada o casi nada. Cierto.  Pero si ese casi nada que tal vez puedes hacer no lo intentas hacer, me pregunto ¿qué será cuando puedas hacer más, mucho más? Será imposible que lo hagas. Pues si en lo poco te evades, en lo mucho…       Hacer lo «que puedas» es la medida de nuestro amor, su exigencia y su manifestación. Cuanto se nos pide es: todo cuanto o lo poco que podamos. Hacer lo poco que está en nuestras manos es todo cuanto se nos exige, y ello requiere de un ejercicio de humildad y de entrega, que rara vez alcanzamos.

   …..

 

         Buscar excusas para evadirse es tan sencillo como no hacer nada.

      Encontrar disculpas es siempre infinitamente más fácil que dar soluciones. Pero lo peor —con serlo, y bastante— no es que no proporcionemos soluciones sino que tratemos de justificarnos.

 

————————-
[1] En SB, n.237.

[2] El hombre Job habla a su Dios, Jus, México, 2ª ed., 1967, pp.99-102.), citado en GC, p.87.

ACTUALIDAD CATÓLICA

 

 


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.