La Iglesia y la política

Si un mundo contraviene la voluntad de Dios, si se conduce por senderos de muerte, la Iglesia no tiene más remedio que decirlo, la cueste lo que la cueste. No hay excusa posible. Y menos usar arteramente la expresión de Jesús de «dar al Cesar lo que es del Cesar…».

Jesús, aunque se esgrima lo de «dar al césar lo que es del césar ya Dios lo Dios», sí se «metió» en política: «los poderosos os tiranizan…, pero no ha de ser así entre vosotros…”. Desde la fe toda relación que no sea fraterna, según lo querido por Dios, se hace motivo de crítica.

Estas lecturas que se han realizado en la liturgia de la misa del día 17 de agosto, son un claro ejemplo de lo que decimos:

La primera lectura, Jeremías 38, 4-6. 8-10, hace referencia al profeta Jeremías, arrojándolo al pozo, donde va a morir de hambre, por el poder político por ser crítico con los derrotes alejados de Yahvé,

En el evangelio, Lucas 12, 49-53, Jesús dijo a sus discípulos: «He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y cómo me angustio mientras llega!». Jesús se presenta como signo de contradicción ante un mundo al que evidencia por encontrase bajo el poder del Maligno, un mundo rebelde a los designios de Dios. Jesús supone un escándalo ante la conformidad con el mal, Jesús traza la raya que divide al sol y la oscuridad. Nadie  puede quedar indiferente ante Él. Esto es irresistible al poder inmoralmente constituido pues lo evidencia y reacciona para eliminarle.

Jesús acabó, claro, siendo perseguido por los poderes de este mundo. Él, el profeta de los profetas, como tanto de ellos, sufrió en sus carnes el evidenciar al mal.

El 29 agosto conmemorábamos el martirio de San Juan Bautista,  Marcos 6, 17-29. El rey de Galilea, Herodes, encarceló a Juan porque hablaba claro y directo de la doctrina moral: denunciaba la relación, inmoral, que manutenía con Herodías, mujer de su hermano.  

La Iglesia no puede callar, cual perro mudo, ante los peligros que acechan a la humanidad: La infinidad de guerras, hoy día se cuentan 56 conflictos bélicos; las numerosas injusticias sociales; las desigualdades; las hambrunas; los abortos; la eutanasia; etc.;  en definitiva, de toda inmoralidad social que vaya contra la voluntad de Dios y la ley natural, y comprometa su salvación.

Guste o no, la Iglesia está en su derecho a hacerlo; es más, está obligada a hacerlo. Pero, claro, esto tiene el riesgo de los profetas…

Tan sólo cabe al algo a considerar, una especie de excepción lógica: 1) el de no entrar en política en el sentido estricto, partidista; porque es entrar en la refriega desagradable y hasta hostil; pues el ámbito de la política hay muchos interés no solo ideológicos, también económicos, etc.  Y  2) el hecho de que hay cristianos en todos los partidos, porque, según las diferentes sensibilidades, estiman más unos principios que otros, y a los que hay que tener en consideración y no cerrar las puertas de la Iglesia.

Por lo demás, decir que hay que actuar inteligentemente, y medir lo que se dice en comparación con las consecuencias o resultados, a veces, y dado que en ese mundo político el juego sucio, la mentira, la manipulación o exageración, añadida a la potencia mediática que se tiene, sobre todo si se está en el poder. Es decir, que callar si no es necesario o imprescindible o importante, para evitar un incendio represivo: te pueden chantajear, desprestigiar, quitar la buena imagen, e incluso atacarte con cosas como los conciertos, la financiación pública, la educación y centros de enseñanza, etc., y/o de sacar a pasear casos humillantes, como el de los abusos… o algún calavera de alguno de sus  miembros que de la nota  (cosa que lamentablemente no ha de faltar dada la condición humana), que utilizará exageramente por todos los medios apesebrados.  

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