La Iglesia postrada

ABC

En este estado de alarma, que en realidad es de excepción, todos los lugares de alimentación, tiendas, han permanecido abiertas; las iglesias, lugares de alimentación espiritual, cerradas.

La Iglesia tristemente -y hay que decirlo- en su colaboración con la voluntad del poder político ha ido más allá incluso: ha cerrado los templos. Alguna excepción hay, como la diócesis de Alcalá de Henares.

Esta especie de postración, de renuncia a ejercer el derecho fundamental de la libertad de culto, conlleva a que te pierdan el respeto. Sencilla y francamente, a la Iglesia no se la tiene ninguna consideración. Y se la atropella cuanto y como haga falta: la policía -especialmente la nacional, dependiente del Gobierno- indebida e ilegalmente, vulnerando la libertad religiosa, ha irrumpido en varias ceremonias que en estos días pasados se celebraban en algunas pocas iglesias que abrieron, provocando la suspensión y el cierre.

Este violación del derechos fundamentales -contemplados en los artículos 11 del estado de alarma y el 16 de la Constitución Española- no han tenido la respuesta adecuada -queja formal y pública- por parte de la misma Iglesia ni tampoco por los medios de comunicación. En este caso, se pone de manifiesto el escaso interés que, desgraciadamente, despierta lo que le pasa a esa institución otrora tan importante y trascendente para la vida de este país.

En fin, es lo que hay. Son insuficientes: Misas virtuales, sacramentos telemáticos, Comunión espiritual…, asambleas de hermanos vacías, comunicándonos sin estar juntos, sin rezar juntos. Sin rezar juntos ante el Señor en estos momentos en que más que nunca hay que hacerlo.

La Iglesia tiene que aportar lo que ella es y la fe de la que vive: es la sal. Si se vuelve sosa, acabará siendo tirada y pisada. Como dice el cardenal Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino:

«Ha llegado el momento de atreverse a decir estas palabras de fe. El tiempo del falso pudor y de las dudas pusilánimes ha terminado. El mundo espera de la Iglesia una palabra fuerte, la única palabra que da esperanza y confianza, la palabra de la fe en Dios, la palabra que Jesús nos ha confiado»

Urge poner la Eucaristía en relevancia.

Y al menos una noticia agradable: «Mons. José Ángel Saiz Meneses ha logrado que el ayuntamiento de Sabadell acceda a que se siga celebrando la adoración perpetua«

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