La gimnasia del espíritu.Vivimos en un mundo de obsesión por el cuerpo. Ese esforzado empeño por mantenerse en forma físicamente, culto que contrasta con los pocos que cada día nos reunimos ante el Señor para «ejercitar» el espíritu entre cantos y alabanzas.
Cada mañana, cuando mi mujer y yo a eso de las 7 nos dirigimos al rezo de laudes y a celebración de misa, pasamos por delante de un gimnasio donde un gran número, un centenar, de jóvenes, pedalean agonísticamente o se ejercitan en otros aparatos. Nos llama la atención que sean tantos y a hora tan temprana, aún de noche. En cambio, nosotros, en la capilla lateral de la iglesia, apenas llegamos a una treintena, y en su mayoría, a la inversa de aquellos, de edad madura. ¡Qué mundos tan distintos! Vivimos en el mismo sitio y en el mismo momentos, y sin embargo… Ese esforzado empeño por mantenerse en forma físicamente, contrasta con los pocos que cada día nos reunimos ante el Señor para «ejercitar» espíritu entre cantos, alabanzas y oraciones de gratitud por el nuevo día. Quizá nosotros tendríamos que ir un rato al gimnasio para mantener en forma el maltrecho cuerpo, antes de que se nos oxide. Pero, y ¿eso jóvenes, no deberían hacer lo propio con su espíritu?… Luis Miguel Mata
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