Es indigno carecer de trabajo, el trabajo precario y el mal remunerado

Es indigno carecer de trabajo, el trabajo precario y el mal remunerado

El presidente de la CEE y arzobispo de Valladolid, cardenal Ricardo Blázquez, que ha participado en el 50 aniversario del Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos que se ha celebrado estos días en Ávila (España), denunció: “Es humillante, que a una persona de la forma que sea se le impida que se gane el pan con el sudor de su frente, por la destrucción del trabajo, el trabajo sumamente precario, muy coyuntural o insuficientemente remunerado”.

Lo que está en sintonia con lo dicho por el papa Francisco hace unos días: «la persona sin trabajo, no se realiza en plenitud» y “quien despide y deslocaliza no es un empresario, sino especulador”.

Aunque se habla de recuperación económica, no es tan así; según el informe de Caritas reciente, el 70% de las familias no la han percibido, y hay mucha gente que lo está pasando mal, e incluso se da el hecho paradójico que aún con trabajo no se gana lo suficiente para vivir.

Hay que levantar la voz y no callarse, aunque a alguna gente no le agrade que la Iglesia habla de ésta cosas… (políticas?), tal vez es que les afectan las críticas. La Iglesia no puede estar ajeno a lo humano, a lo que hace sufrir a las personas, a las desigualdades, a las injusticias si las hubiera, etc. Y es en esta cuestión social, regirse por el Magisterio de la Doctrina Social de la Iglesia. La Iglesia y sus pastores defiendan el derecho a un salario digno y a un empleo estable que dignifique su trabajo, porque también forma parte de su misión pastoral.

 

Sus palabras emanan de la Doctrina Social de la Iglesia, que desde la Rerum Novarum de Leon XIII, pasando por la Quadragessimo Anno de Pio XI, o la Laborem Exercens de Juan Pablo II, entre otras muchas encíclicas, se preocupan de las condiciones de especial dignidad que debe acompañar el trabajo humano y todo el orden económico.

Hay cosas a tener en cuenta, que han ocasionado la crisis –larga crisis de 10 años- y la migración. Ambas realidades muy actuales.

Esos dos hechos han ocasionado la rebaja de los sueldos. Ahora por 700-800 euros tienes los inmigrantes que quieras para las tareas, no cualificadas, de momento. La deslocalización de empresas, que huyen del infierno fiscal, y la globalización que invade el mundo de productos chinos hacen el resto.

El ocio debe ser considerado un descanso en el trabajo, pero la falta de éste convierte a las personas en ociosos forzados y eso es gravísimo. También conlleva una falta de autoestima, que deteriora las relaciones sociales, avergüenza, etc. Además de la falta de sustento propio y de los que de uno dependen. Etc.

Allá por los años de inicio de la Democracia, en España, una familia de cuatro o cinco hijos vivía más que dignamente con un solo sueldo. Y en la empresa privada se ganaba más y mejor que en lo público, hoy se gana más en este sector (cosa única en la historia y en España, como único país). Solo existía un tipo de contrato laboral: el contrato fijo. La indemnización por despido era de 45 días por año trabajado y los trabajadores tenían derecho a participar de los beneficios de la empresa. Eso, por no mencionar que los impuestos eran ridículos comparados con los que pagamos hoy en día, que somos tan libres y tenemos tantos derechos.

Hoy las familias de tres miembros, tienen que trabajar ambos progenitores, y echar mano a la ayuda de los respectivos padres para que les ayuden con las letras o cuidando del hijo, pues no pueden permitirse un “canguro”. Es decir, que para poder vivir hoy una familia joven necesita de dos salarios (más el medio de las ayudas paternas).

Las desigualdades creen entre unos pocos, que cada vez tienen más, y otros muchos, que menos. Unas pocas personas amasar enormes cantidades de dinero a costa de dejar en la ruina o malviviendo con salarios de subsistencia a muchas otras. Se critica y se condena, sencillamente, algo tan anticristiano como la explotación del prójimo en propio provecho. Recordemos que uno de los pecados que claman al cielo es defraudar al asalariado su justo jornal.

No le quepa la menor duda q el trabajo ha sido el factor devaluado, a falta de moneda propia. Uno de los grandes triunfos del sistema político en el que vivimos ha sido la proletarización silenciosa de la clase media, enmascarando salarios de subsistencia con créditos que, a la larga, no hacen sino crear más problemas.

Haría falta un paradigma socio-laboral totalmente diferente al que tenemos actualmente, otro caldo de cultivo, ¿y los empresarios y obreros católicos (principales agentes de estos problemas), donde están y que hacen al respecto?

 

Miguel Morales.

 

 


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