Todos los padres quieren lo mejor para sus hijos. Se desviven por ellos; se privan de cualquier cosa para que no les falte de nada. Su felicidad es la suya.
Así comienzan las primeras líneas de la Palabra del Dios referente a la historia humana: «Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer (Gén 1,27).