Si nos asomamos a la realidad circundante nos damos cuenta de una evidencia: el mundo no va a mejor, humanamente hablando. Hay muchos avances tecnológicos y de otros tipos, pero en plano propiamente de la persona humana es obvio que no se está progresando, más bien todo lo contrario, los corazones no han mejorado sino que hay una involución en cuanto a sus virtudes y bienes espirituales, así como en cuanto a la sensibilidad moral.
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