En esto hemos conocido el Amor, en que El ha dado su vida por nosotros, y nosotros debemos dar también la vida por nuestros hermanos. (…) Amémonos no de palabras ni de lengua, sino con obras y de verdad (1 Jn 3,16-18).
«El sabio muestre su sabiduría no en palabras, sino en buenas obras” (San Clemente Romano)[1].





