El tercer caballo del Apocalipsis

 “Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer Viviente que decía: `Ven´. Miré entonces y había un caballo negro; el que lo montaba tenía en la mano una balanza, y oí como una voz en medio de los cuatro Vivientes que decía: `Un litro de trigo por denario, tres litros de cebada por un denario. Pero no causes daño al aceite y al vino´.” [1]

“Y habrá en diversos lugares hambre y terremotos.”[2]

Al derrumbe espiritual sigue el material, y el mal en sus múltiples formas se enseñorea en el mundo: injusticias,  hambrunas, violencia, desastres, enfermedades desconocidas, tormentas, inundaciones,  sequias, terremotos…

Este caballo negro es el provocador de tremendas calamidades, especialmente la del hambre injusta.

Las lamentabilísimas cuarenta mil personas que unos pocos años atrás morían al día relacionadas con el hambre, sobre todo en zonas rurales, se habían multiplicado exponencialmente y extendido, de forma alarmante, a cualquier lugar del planeta.

La Organización Mundial de Salud estima que una tercera parte del mundo está bien alimentada, otra tercera parte está mal alimentada y la tercera parte restante se está muriendo de hambre.

La hambruna progresivamente se apoderaba de la humanidad, a consecuencia de las sucesivas crisis económicas encadenas. Hacía estragos en algunas capas de la sociedad del primer mundo. Algo hasta ahora inimaginable. La situación económica de la clase media de Occidente era peor que nunca. Los datos, sobre todo los de pobreza, eran alarmantes y dan buena prueba de la pésima situación económica que atravesaba el país puntero de la tierra, Estados Unidos[3]. Poblaciones hasta hace muy poco ricas, contaban con una mayoría de sus habitantes que rayaba en el umbral de la pobreza. En la ciudad de New York,  más de cien mil personas sobrevivían en sin hogar, tirados por las calles, como una ciudad irreconocible dentro de la ciudad de los soberbios rascacielos.

El Occidente otrora pujante, industrial y rico, sufrió un proceso repentino de empobrecimiento. Se desindustrializó por completo. Los países occidentales se habían desindustrializado; las fabricas se habían deslocalizado, trasladándose a países superpoblados y como mano de obra baratísima como la China y la India, a lo que se vino a unir el desarrollo tecnológico, la robótica. Un feudalismo tecnológico, un sistema en el cual los dueños de la tecnología acaparan las rentas que corresponderían a una clase media y baja golpeada por la competencia de los robots. Con estos productores el resto de la humanidad sobraba como mano trabajadora. Los países emergentes, China y la India, acaparaban toda la producción manufacturera mundial, produciendo solo ellos, cuantos bienes necesitaba el mundo para consumir. De la noche a la mañana, Occidente se quedó sin trabajo y su gente en una situación extrema. La hambruna comenzó a hacer estragos y a provocar todo tipo de males en lucha por la supervivencia.

A esta realidad contundente, se unía la voracidad de los ricos y poderos acaparando y preservando sus privilegios, que pasan por eliminar al resto. Una élite financiera mundial que lo controla todo y cuyo objetivo, es, y ha sido siempre, preservar su situación privilegiada, aunque esto pase por arrollar al resto de la población. Las personas más adineradas del mundo se hagan más ricas cada año, mientras se extiende la pobreza. La pobreza va a ser tan profunda a nivel mundial y va a aumentar tanto, que la separación entre el 99% de los pobres y los superricos va a ser más grande que nunca.

El mundo no estaba preparado para este azote, cuya caristia no  venía provocada no por lo poblado del planeta sino por el mal, el egoísmo, por las desigualdades, por el reparto injusto de los bienes, que sobraban para alimentar a toda la tierra. La desigualdad llegaba a ser de tal tamaño los cien más ricos del mundo poseían más dinero que cinco mil millones más pobres de la tierra. En 2017 el uno por cien más rico de la población mundial tenía más dinero que el noventa y nueve por cien restante[4].

Consecuencia del primer caballo el ser humano se había endurecido a niveles inauditos; de tal forma que cabía esperar cualquier actitud inhumana por cruel que sea. El declive de la caridad, el enfriamiento de la piedad y el endurecimiento generalizado había replegado a la gente a un vivir para sí olvidándose de los demás. La clase dirigente, constituida en una casta, privilegiada y corrupta, sospechosa con razón de ser únicamente representante de los más poderosos intereses financieros; por la miseria, muchos ciudadanos vivían en la calle[5], otros muchos rozan el umbral de la pobreza y otros se hallaban sin trabajo[6]; por la enorme desigualdad[7] de la riqueza, las ganancias de una minoría están creciendo exponencialmente, lo que provoca que también crezca la brecha que separa a la gran mayoría de la prosperidad que disfrutan esos pocos.

La gente está tomando la medida a la clase política, amigos de banqueros, burócratas y especuladores de bolsa, provocadores de la desigualdad[8]  extrema en los ingresos de la llamada clase media y la élite. Nos estamos acercando rápidamente al punto en que, a menos que algo cambie, las personas corrientes iniciarán una revuelta.

Los millonarios levantaban muros respecto del resto de la población. Pretendía conservar su estatus y hacerse invulnerables.  Han perdido cualquier sentimiento de responsabilidad y de deber moral de favorecer a sus semejantes. Se diría que carecen de cualquier grado de vinculación o pertenencia al resto de los seres humanos; es más, desprecian a esa masa humana que hace peligrar la existencia de la tierra o al menos el bienestar sobre ella, ante tanta masificación, contaminante y agostadora de los bienes y materias primas. No están dispuestos a hacer renuncias en sus ambiciones o los sacrificios necesarios para alcanzar un bienestar general, sino que proponen estrategias para reducir el número de los comensales en la mesa de la Humanidad, para que no se vea afectada la pretendida felicidad que éstos han alcanzado. Están por la seudocultura del descarte: La solución que proponen es la diabólica estrategia de la eliminación de la población: la eliminación de cuantos habitan la tierra siendo una carga inútil o innecesaria. Se echa mano al recurso ecologista para llevar a cabo su pretensión de reducción del crecimiento de la población y del desarrollo de los pueblos emergentes fortunas y Occidente les esquilmó sus bienes y recursos naturales.

Pero, cabe pensar que no se trata de una propuesta de resolución, sino que abrigan otro objetivo aún más siniestro: el de eliminación del ser humano al menos en la mayor medida posible. Pues recursos hay para alimentar a toda la población del planeta y los seguirá habiendo, aunque hay quien se opone a ello[9].  La vida de millones de seres humanos, en especial los de los países subdesarrollados corre peligro, porque el Nuevo Orden Mundial, no quiere acabar con la pobreza sino con los pobres.

El plan de una élite habitada por algo siniestro siempre ha sido especular, desindustrializar… para sacar el máximo beneficio a costa de la ciudadanía incluso de sus propios países y a la vez de empobrecerla reducirla, despoblar el mundo.

Además de los avarientos acaparadores de bienes, además de los depredadores y enemigos de la humanidad, existían otros que perseguían otro objetivo por medio de utilizar y provocar la hambruna en pro de su consecución. Habían diseñado una crisis económica internacional sin precedentes que lleve a pensar al mundo en la imperiosa necesita un gobierno mundial que intervenga y regule los mercados. En la estrategia del hambre el control del comercio mundial de alimentos y materias primas era fundamental. Y para ello eran fundamental una autoridad global con el suficiente poder para imponerse a aquellas que manipulan  los precios del petróleo, el gas, cinc, mineral de hierro, níquel, cobre, platino, oro, maíz, trigo, arroz y otros comodities, llevándolos a niveles altísimos, provocar su inmediato colapso y obtener pingües beneficios a  costa de una inmensa muchedumbres hambrientas.

Y, en este sentido, los medios de comunicación en manos de los promotores del gobierno mundial proponían a la hora de acabar con las desigualdades y el hambre en el mundo, la necesidad de un comercio justo y un reparto más equitativo de los bienes de la tierra. La persistencia en crear este clima social que clame justicia para todo el mundo y que nadie pueda morir de hambre, propiciará el pensar en la necesidad de un gobierno mundial, que haga factible la redistribución las reservas de alimentos en las zonas del planeta donde se den hambrunas. Sólo un poder universal al que todos se sometan puede imponer políticas que conduzcan al reparto justo que elimine la hambruna cada vez mayor.

Con el estallido de la burbuja de la deuda, sobrevendrá  la debacle de los mercados financieros mundiales, y mucha gente comenzará a padecer penurias extremas. La pobreza hacía estragos y la desazón cundía por doquier. La hambruna y cuanto de ella de deriva diezmará la tierra; se producirá una masiva destrucción de la población; millones de personas morirán.

Estos unido a la disminución de fieles a la Iglesia en cuyas parroquias con sus comedores sociales muchas gente había encontrado auxilio, provocó con el aumento del número de empobrecidos una situación de desespero social.

El hambre, las desigualdades, las injusticias y las condiciones calamitosas asolaron la población de muchos países.

Situación límite que condujo definitivamente a la consolidación de un único poder político global.

Solo acabando con el hambre nuestra sociedad podrá tener seguridad y un futuro digno.

Lo que vino a poner a la humanidad en un estado de pavor definitivo fue la extraña y excepcional profusión de movimientos sísmicos, que causaban daños tremendos, derribando edificios, destruyendo monumentos y sepultando vidas humanas. Imágenes dantescas que los medios de comunicación mostraban a la ciudadanía descarnada y abundantemente, en un empeño “intencionado” por aterrar a la población mundial.

 

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[1] Ap 6,5-6.

[2] Mt 24,7.

[3] Según los datos del informe, el índice de pobreza subió del 14,3 % en 2009 al 15.1 % en 2010. Esto se traduce en un total de 46,2 millones de personas que viven en la pobreza en Estados Unidos.  El número más grande de personas pobres que se ha registrado desde que se comenzó a contar hace 52 años y el porcentaje más alto desde el año 1983. (http://www.elmundo.es/america/2011/09/13/estados_unidos/1315926205.html).

   La pobreza en los Estados Unidos le fue profetizada al Padre Gobbi. En su mensaje del 15 de noviembre de 1990 en Malvern, Pensilvania (USA), la Santísima Virgen María le dijo al Padre Stefano Gobbi, fundador del Movimiento Sacerdotal Mariano: «Conoceréis la hora de la debilidad y de la pobreza; la hora del sufrimiento y de la derrota; la hora purificadora del gran castigo».

[4] El 1 por 100 poesía más de la mitad de la riqueza de la tierra; para el 99 por 100 apenas queda la otra mitad.  Cada año aparecen unos 150 nuevos ricos cuya fortuna asciende a más de pasa los 1.000 millones de dólares. Estos megarricos o multimillonarios se aproximan a un numero de unos 4.000.  Y su riqueza acumulada aumentaba un 12%.

   La brecha mundial entre los más ricos y los más pobres se ha extendido Hoy en día, las 60 personas más ricas del mundo poseen la misma cantidad de dinero que la mitad pobre de la humanidad. La riqueza de la parte pobre de la población mundial se ha reducido en un billón de dólares —un 41 %— desde 2010, mientras que en ese mismo periodo la riqueza de las 60 personas más adineradas del planeta ha aumentado en más de medio billón de dólares, hasta 1,76 billones.

[5] Datos: Entre los años 2005 y 2010 en EE.UU. hubo unos 9,3 millones de desahucios, lo que significa que unos 35 millones de personas tuvieron que abandonar sus hogares.

[6] En Estados Unidos, la tasa oficial, que sitúa el desempleo en el 8,2%, «no es una cifra real», ya que cree que el índice auténtico es cercano al 15% o al 16 %. Incluso ha mencionado que algunas opiniones existentes apuntan que la tasa de desempleo en EE.UU. ya ha llegado al 21%. En la Europa del Mediterráneo, el nivel de desempleo, sobre todo entre la juventud, es escandaloso, llegando a superar el 50%.

[7] A pesar de que los trabajadores en EE.UU. y otros países han visto cómo sus ingresos caen en picado, el valor neto combinado de los multimillonarios del mundo se ha duplicado desde el año 2009.  El número de ‘milmillonarios’, por su parte, ha aumentado de 1.360 en 2009 a 2.170 en 2013.

   Las 81 personas más acaudaladas acumulan tanta riqueza como la mitad de la población del planeta, es decir, poseen más dinero que 3.500 millones más pobres de la tierra. El 1 por 100 posee la mitad de la riqueza del planeta. Para el 99 por 100 queda la otra mitad.

   El Papa Francisco denuncia en la exhortación Evangelli Gaudium el engaño de quienes quieren convencernos de que este sistema “derrama” bienestar, cuando lo que derrama es desigualdad. “Mientras que el ingreso de una minoría está creciendo exponencialmente, el de la mayoría se está derrumbando”.

[8] En el mundo, en el año 2016 el 1% más rico de la población mundial tenía más dinero que el 99% restante, según la organización no gubernamental  en Oxfam Intermón.

[9] La tierra produce más de lo que se consume; al igual que existen soluciones energéticas. Sin embargo, en este sentido, se da una negativa a una solución energética como el helio 3, para toda la humanidad, obedece a las intenciones malignas de eliminar al ser humano. El helio 3 vendría  solucionar todos los problemas humanos en el sentido de su supervivencia para todos. La tierra entera tendría los bienes necesarios para que nadie muriera por precariedad. Pero existe una élite humana que, por razones perversas, no quieren que eso suceda, ni que el mundo crezca, que la humanidad se desarrolle, que se expanda y explore el universo, con nuevos hogares, planetas habitables.