«Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para que os vean; de otro modo, no tendréis mérito delante de vuestro Padre celestial.
«Por lo tanto, cuando des limosna, no toques la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que los hombres los alaben. En verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tu, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará» (Mt 6,1-4).
***** A las afueras de Jerusalén vivía Abén Hazam. Era un hombre que se ganaba la vida reparando cacharros de cobre, estaba solo en la vida y nadie reparaba en él. Abén Hazam, en cambio, sí sabía de los demás: conocía los pormenores de sus vecinos, sus angustias y dificultades. Vivía tan atento de los demás que cuando se enteraba de alguien, de alguna familia, con alguna necesidad apremiante, sin que nadie sospechara nada enviaba anónimamente por correo una suma de dinero. Este fue su desconocido comportamiento durante muchos años de su vida. Y nadie supo nunca nada. Nadie imaginó nunca que pudiera ser Abén el autor de tales milagros. Cuan Abén Hazam murió lo hizo como siempre vivió solo. Y nadie en la vecindad le echo de menos; pero sí la llegada del correo. *****
Cuando haces una obra buena, no te apegues a ella, no te adueñes, no la retengas,… porque no te pertenece. Sólo te corresponde la dicha de su contemplación, de su manifestación, de la revelación a tus ojos de la gracia. Toda obra buena, seas tu el «protagonista» o no, pertenece a Dios. Alégrate como alabanza a Dios. La rosa no es tuya, pero su belleza y su perfume los puedes sentir. ….. «Cuando hacemos el bien, hay que tratar de que la mano izquierda ignore lo que hace la derecha, hay que prestar los servicios lo más ocultamente posible. «Debemos tratar de ocultar lo mejor que tenemos. Es así como los demás aprovecharán mejor de ello, pues es Dios quien pondrá la lámpara sobre el candelabro, y no nosotros. El es muy celoso en este punto, y quiere ser el único en conocer verdaderamente nuestra belleza. La oculta incluso a nuestros ojos, y no debemos sobre todo buscar conocerla: es la peor de las faltas contra la castidad.» [1]
…………………………. |
Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

