El Rosario de la aurora

El sábado 5 de octubre nos hemos reunido al alba, a las 8 horas, cuando la ciudad aún dormía, para rezar el santo Rosario en un parque cercano a dos parroquias. Todos los años a primeros de octubre y también de mayo nos damos cita para rezar a la Santísima Virgen María. ¡Qué mejor sitio para rezarlo que en un jardín, entre flores. La palabra “rosario” significa «corona de rosas». Y unidos comunitariamente como cuentas de Rosario!

En estos tiempos tan ecológicos, preocupados por lo que respiramos en las ciudades, por el Amazonas, por la polución, por el calentamiento, por la defensa de la vida en el planeta, en general; en cambio, nadie reivindica un ecología de vida sana del alma humana. Al pasear por este espacio verde, respirando aire puro, uno piensa en la pureza también espiritual. Al igual que los árboles de este parque realizan la función clorofílica o fotosíntesis, estas personas paseando mientras rezan al Rosario ejercen —cual árboles— la misma función con arreglo a la purificación del aire que respiran las almas.

Entre los beneficios de esta oración figura el de purificar nuestras almas de los pecados, facilitar la práctica de las virtudes, repara nuestras deudas con Dios y los hermanos y nos enriquece de gracias.

Sin duda alguna, el Rosario es un arma poderosa contra la contaminación, es oxígeno para la vida del espíritu y su santificación.

Esta sencilla, repetitiva y humilde plegaria es —especialmente cuando se reza en grupo— «arma poderosa» para combatir cualquier tipo de maldad y producir paz.

 

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