El fin de los tiempos

Buenos días, queridos lectores.

Aquí estamos de nuevo, después de este prolongado periodo de vacaciones, para comenzar con ánimos renovados una nueva temporada, que Dios bendiga para bien de todos.

Cono novedad os presentamos un relato con pretensiones históricas, con título «El fin de los tiempos», que a lo largo de varias semanas, hasta completados los más de 50 capítulos que lo componen. Cada semana iremos colocando 2 capítulos, uno cada 3 días. En la sección LIBRO podrán acceder a su lectura.

El contenido del libro novela lo pueden ver en la introducción del mismo que exponemos a continuación:

 

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 La persecución de los cristianos ha sido una constante desde el comienzo de la historia cristiana. De ahí el signo de la cruz, que les identifica, y que perdurará hasta el fin de los tiempos.

Esta realidad les ha marcado hasta vivir bajo la impresión constante de que vivían el “fin de los tiempos”: las persecuciones romanas, las invasiones de los bárbaros, el islam, la revolución francesa, el comunismo, el nazismo, etcétera. En el momento presente no iba a ser menos; aunque al año mueren más cristianos mártires que nunca, la persecución se ha agravado en otro sentido: no se circunscribe a un hecho o lugar concretos sino que es global, alcanza los confines de la tierra, y reúne características propias: el desprestigio de la religión y en concreto del catolicismo, provocando la apostasía de la fe y un aumento considerable de la increencia; el cambio antropológico de la dignidad del ser humano, otorgada por Dios; la pérdida generalizada de la conciencia, con el consiguiente inmoralidad, la desfiguración del alma humana y su esclavitud y aniquilamiento.

 En el año 2011, el papa emérito Benedicto XVI advertía con dramatismo: “nos encontramos en uno de los momentos más decisivos de la historia”. Comparó la escalofriante lucha de la “Mujer revestida del sol”, contra el “enorme Dragón rojo”, narrada por el Apocalipsis, a la batalla que en estos momentos se libraba contra las ideologías y poderes.

El espíritu del mundo, o espíritu de los tiempos, se convierte en atmósfera espiritual mediante la cual actúan las potencias demoníacas como entre bastidores, desde el otro plano.

Se puede decir que al igual que existe una unción de Cristo que “nos enseña cada cosa”, es decir que hace ver cada cosa a su luz (cf. 1 Jn 2,20-27), también existe una unción del Anticristo que enseña cada cosa según una interpretación propia, mostrando, por así decir, el lado satánico, oscuro, de las cosas. Esta unción de muerte penetra todo, se adhiere a todo, y se transforma en el espíritu del propio tiempo. A él se refiere san Pablo cuando exhorta a “no conformarnos al espíritu de este siglo” (cf. Rom 12,2),  de este mundo bajo el poder del Maligno, que señalaba san Juan (1 Jn 5,19). Se puede decir que la incredulidad del mundo de hoy ¾donde no es impuesta con violencia¾ es causada astutamente por Satanás; en gran parte, a través de este medio silencioso del adaptamiento pasivo o conformación al espíritu de este siglo, haciendo respirar al hombre de hoy el olor de esta unción que tiene el poder de aducir las conciencias. Este espíritu del tiempo se llama hoy relativismo, nihilismo y materialismo práctico.

Se está llegando a lo que vaticinaba Chesterton: “llegará el día, en que la Iglesia católica será la única que defenderá al hombre”. Y el Maligno, en su afán de destruir la obra de Dios, el ser humano, por la influencia de las fuerzas del mal, no dejará perseguir, cada vez con mayor saña, a la Iglesia; la única capaz de obstaculizar su objetivo.

 Esta mayor saña o gran tribulación está ya aquí, en el tiempo presente, actuando en medio de nosotros, e incrementando cada día sus bríos, hasta llegar al paroxismo. De ello es lo que tratan estas páginas.

La intención de lo que van a leer en este relato que habla del presente, del pasado y, especialmente, del futuro inmediato, es procurar  que se pierda el menor número, que la mayoría de los creados a “imagen de Dios” se salven.

 Mayoritariamente cuanto se narra en esta novela es real y su  contenido es veraz. Y está escrita para abrir los ojos acerca de lo que está aconteciendo y va a acaecer de manera inminente, e invitar a unos a la conversión y otros, lo convertidos, a mantenerse fieles, pese a todo, sean precavidos, prudentes y firmes en la fe, y a todos ¡Velen!

 

«Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre.» (Lc 21,36).

 «De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que El está cerca, a las puertas. Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre. «Estad atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento.        Al igual que un hombre que se ausenta: deja su casa, da atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo, y ordena  al portero que vele; velad, por tanto, ya que no sabéis cuándo viene el dueño de la casa, si al atardecer, o a media noche, o al cantar del gallo, o de madrugada. No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velad!» (Mc 13,28-37).

ACTUALIDAD CATÓLICA

 

 


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