Disminución de bodas y matrimonios, tanto cristianos como civiles

La caída de las bodas y matrimonios por la Iglesia es un fenómeno espectacular; es de un aceleramiento significativo, en caída libre constante, cada año baja tres o cuatro puntos el porcentaje, últimamente, pues con anterioridad fue bastante mayor. En el año 2018 se casaron sacramentalmente  el 23,2% de los matrimonios celebrados en España; los datos de este año, por el 2019, han sido un 20,5%. En el 2008 eran el 50%. Sin ironía decir que, claro, cuando ya no queden jóvenes que deseen casarse ni cristianos, ya no habrá disminución en el porcentaje.

Como dato curioso y significativo, recordamos no hace muchos años, sino por el 2000, al comienzo de siglo, que podía escucharse en las conversaciones coloquiales si surgía el tema de los que estaban casados sin pasar por la vicaría (por el altar): “viven en pecado”; o también ante una boda por el juzgado, que resultaba insípida y hasta extraña, comentarse: “es una boda de mentirijillas”. Y cosas así. Ahora estos comentarios son inimaginables.

Cabe anotarse también que el número de los matrimonios por lo civil -después de los incrementos por el paso de los que abandonaron hacerlo sociológicamente por lo religioso, de hace un par de décadas- también han caído notablemente. Según el INE, en total durante el año 2019 se registraron 165.578 matrimonios, un 1,2% menos que en 2018. La tasa bruta de nupcialidad disminuyo? una decima, hasta 3,5 matrimonios por cada mil habitantes. Es decir, que -exagerando- ya la gente no se casa ni por lo eclesiástico ni por lo civil. Muchas parejas conviven sin un compromiso matrimonial.

Parece increíble este vuelco de la sociedad española y occidental en general. Pero es real. ¿A qué se debe?

Desde el punto de vista de la fe, hacer constar el hecho de que el número de hogares jóvenes bendecidos por la Iglesia son ínfimos; lo que se corresponde con la caída de la creencia de los españoles en la actualidad, que si prescindiéramos de los adultos mayores de 60 años, estaríamos hablando de una población cristiana -prácticamente- que no llegaría a los dos dígitos.

Al margen de los puramente religioso, decir que la gente no se casa (y ni tiene hijos), por varias razones:

El miedo: la gente huye del compromiso, de la obligación, de la responsabilidad, de lo que depare el futuro, de las condiciones de vida actuales, laborales, etc.

El hedonismo: la gente cifra la felicidad en pasarlo bien, disfrutar (del cuerpo) lo máximo posible, sin ataduras ni restricciones.

La cosmovisión nihilista de la vida: la antropóloga, la compresión del ser humano, su dignidad empequeñecida, su renuncia a las respuestas de las preguntas importantes, trascendentes, del sentido vida, de la muerte, de su ser y espiritualidad, de Dios, etc., le conduce a un relativismo sin verdades y a una vida -y cuanto conlleva- sin consistencia.

Las políticas progres: que están en contra la familia y en la lucha feminista, con correspondiente discriminación positiva, promueven a toda costa la corrección política, que le proporciona votos y la supervivencia política y a su vez minimiza la institución familiar.

Soltería voluntaria es una tendencia en alza: se ve como la última liberación, que favorecería -supuestamente- el empoderamiento y a su vez el del hombre, temeroso por lo que pudiera suponer la discriminación por las leyes pro feministas.

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