Diferencia entre el protestantismo y el catolicismo

El pesado fardo de Pedro (III)

Vittorio Messori

La diferencia entre el protestantismo y el catolicismo
El mismo Evangelio suscita carismas diversos. En la Iglesia romana, quien «siente» con particular evidencia un aspecto de la enseñanza de Jesús (la oración ininterrumpida, el apostolado, la pobreza, la atención a los enfermos o a los jóvenes, la enseñanza, el abandono total a la Providencia, y demás) funda una congregación que se corresponda con esa sensibilidad y que reuna bajo el mismo techo a aquellos que la compartan. En el mundo protestante, por el contrario, el bautizado sensible a un aspecto particular de la enseñanza bíblica funda su iglesia, una nueva comunidad o secta, porque las que ya existen no consienten el pluralismo extraordinario, aún dentro de la unidad, que concede el catolicismo, donde todos los carismas encuentran derecho de ciudadanía, cooperando uno junto al otro.

La división en el protestantismo fue radical muy rápidamente, y generó muchas otras: Lutero ponía en el centro la justificación, por tanto la salvación eterna a través de la simple fe, sin las obras. El centro de la predicación de Calvino era la predestinación: el terrible plan de Dios para una humanidad dividida entre salvados y réprobos, entre criaturas destinadas ab aeterno al paraíso y otras al infierno, independientemente de sus méritos o deméritos. En el catolicismo las dos perspectivas —si bien depuradas, atenuadas en sus extremos, precisadas— habrían podido producir escuelas teológicas dentro de la ortodoxia, escuelas de las que podría haber surgido una nueva orden religiosa. ¿Acaso los agustinianos, dominicanos, jesuitas y todos los demás no tienen quizá teologías diversas que, sin embargo, conviven con las demás en la koinè católica? En el protestantismo, la perspectiva luterana y la calvinista produjeron dos Iglesias, con todas sus ramificaciones, a menudo peleonas, que derivaron de éstas y aún hoy lo hacen.

También el hábito hace al monje
 La cuestión parece secundaria, pero no lo es en absoluto: detrás del rechazo al hábito religioso existe una teología, existe la negación protestante de un sacerdocio «sacro», que distinga al sacerdote del creyente común; existe el rechazo a la perspectiva católica que, con el sacramento del orden, convierte a un bautizado en alguien «diverso», «aparte». El Concilio, al recomendar un signo, sea el que sea, que distinga al religioso del laico, explica que su importancia deriva del hecho de que es «signo de consagración».

Traducción: Sara Martín
© Corriere della Sera

Texto completo en  http://www.religionenlibertad.com/el-pesado-fardo-de-pedro-iii-28424.htm

 


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