Cultura del palimpsesto

Palimpsesto:

Manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura anterior borrada artificialmente.

En ocasiones a lo largo de nuestro análisis de la modernidad -que supone la materialización del punto de vista profano a nivel social- hemos hecho referencia a lo que denominamos ‘cultura del palimpsesto’. Se trata de una de las formas más explícitas que toma el nihilismo moderno, con su odio hacia el pasado y la tradición, y es inseparable además de otros tantos falsos mitos de la modernidad como el mito del progreso -que es el evolucionismo aplicado al devenir histórico-, o el del individualismo y la auto-construcción, más bien autodestrucción, del sujeto.

Cuando hablamos de ‘cultura del palimpsesto’ nos referimos a una estrategia de largo alcance dirigida a la destrucción sistemática de toda ‘herencia’ cultural -individual y colectiva- a fin de eliminar aquellos obstáculos que pudieran oponerse a la instauración de un ‘nuevo orden’ cultural, orden cultural acorde al ‘nuevo orden’ social propio de las utopías modernas y revolucionarias que se pretende imponer.

Entre los obstáculos que se oponen a la instauración de tal orden uno destaca particularmente: la identidad. Por esta razón la estrategia del palimpsesto se dirigirá muy especialmente a destruir las viejas identidades así como a crear otras nuevas, siempre fragmentarias a fin de que no puedan servir nunca como herramienta de unión de los sujetos sino que sean siempre motivo de conflicto y desunión.

 

Estrategia del palimpsesto e ingeniería social.

Esta estrategia del palimpsesto no opera en el vacío sino que forma parte de un contexto mucho más amplio, el de la ingeniería social, un plan ordenado a diferentes niveles en consonancia con el magno proyecto que hoy día está en marcha en las sociedades occidentales.

Así puede incluirse la estrategia del palimpsesto en lo que se ha llamado en ocasiones la ‘batalla de las ideas’ o la batalla por la cultura, una lucha por la hegemonía cultural que viene desarrollándose en Europa desde la Ilustración pero que ha devenido central en el último siglo y es ahora mismo un asunto estratégico al servicio del cual están las ciencias sociales profanas y la ‘intelligentsia‘ académica.

Es cierto que la batalla de la propaganda y la lucha por la hegemonía cultural han existido siempre, siendo un ejemplo claro de ello la Leyenda Negra anti-española elaborada durante siglos por ingleses y holandeses y que todavía se mantiene en el imaginario popular. Pero esta batalla por la cultura ha alcanzado un nuevo nivel de refinamiento a partir de la sistematización metódica que imprimieron a la misma la escuela de Frankfurt (Theodor Adorno [1], Horkheimer, Habermas) y diversas escuelas de psicología social, en particular la escuela de Chicago, sin olvidar la contribución fundamental de K. Popper.

Lo que denominamos ‘cultura del palimpsesto’ es una estrategia que se aplica de manera exhaustiva al primero de estos ámbitos, el que concierne a la historia y la cultura. La cultura se desprestigia y pervierte, la historia se reescribe tal y como profetizara Orwell en su distopía 1984.

Sea como sea, se busca ante todo imprimir en la ciudadanía un desprecio -que en ocasiones acaba en odio- por su pasado y sus raíces, es decir potenciar la pérdida de identidad del sujeto.

En cuanto a la alteración de la historia, generaciones enteras de occidentales son ya víctimas de esta Damnatio Memoriae implantada desde el aparato estatal, a través de la educación obligatoria.

A través de esta demolición sistemática de la cultura y la historia lo que se pretende es imponer la doctrina individualista de la auto-construcción del sujeto. En efecto el mito individualista propio de la modernidad se basa en que el sujeto se rebela contra toda herencia de su pasado para construirse a sí mismo según su voluntad en un proceso de supuesta individuación. Un mito que ha sido calificado a menudo de fáustico y prometeico pero en el que también son bien reconocibles rasgos luciferinos: rebeldía, ambición, soberbia.

La cultura hegemónica gusta de presentar la modernidad -a través de estos falsos mitos que hemos enunciado- como un deseable proceso de individuación y auto-construcción que teóricamente ha de conducir a una mayor autonomía e incluso a un progreso moral -así lo interpreta en general la filosofía occidental-, desde nuestro punto de vista se trata de un proceso de incoación y despojamiento, a través del cual el sujeto se vuelve más frágil y dependiente y queda paulatinamente más solo e indefenso. Lo cual puede interpretarse sin duda en un sentido material pero también en un sentido psíquico, es decir concerniente al alma, interior al sujeto mismo.

Pero aquí conviene matizar algo. Antaño, los proyectos utópicos imaginaban la instauración de ese tiempo nuevo como una ruptura brusca y traumática con las herencias del pasado, lo que supondría un año cero desde el cual la historia recomenzaría; es el ideal revolucionario clásico.

Como vemos, sea por el método traumático de la revolución violenta, sea por el método más gradual que ofrece actualmente el progresismo, el resultado es uno y el mismo: la instauración del Nuevo Orden Mundial (NOM, o NWO por sus siglas en inglés).

[1] Destacar especialmente la labor crítica de Adorno dirigida a socavar la tradición artística occidental.

por Esaúl R. Álvarez 

Fuente y texto completo: http://agnosis2.blogspot.com/2017/07/cultura-del-palimpsesto.html

 


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