Es triste que el drama de la guerra haya tenido que llegar a Europa para que llegue a preocuparnos realmente… El ser humano es así: mientras a mí no me afecte… (Da asquito).
Al inicio de la contienda, quizá fue la primera acción de guerra, un barco de la armada rusa se posicionó frente a un islote en el mar Negro en el que había un puesto militar ucraniano, compuesto de pocos números. Los rusos les advirtieron que no opusiera resistencia, que depusieran las armas, que de lo contrario… La contestación fue mandarles a hacer pañetas con todo tipo de improperios e insultos. Los rusos dispararon varios misiles y acabaron con ellos. Así de simple. ¿Esto es humanamente lógico?…, por ambas partes.
El mundo occidental, especialmente Europa (porque EEUU parece estar como ausente, ¡para lo que es, o era!, y ya no será) ante animo (enredando) a los ucranianos a que resistan, a que den la cara. Cuando lo más sensato y cierto es que hubieran hecho al principio lo que van a tener que hacer al final, rendirse. ¡Para qué mandar a un país («enano») a luchar con un gigante! A que le muelan a palos (bombazos), y le dejen medio muerto (miles y miles de muertos y heridos; refugiados, aterrorizados, etc., y un país destruido…) ¿Por qué? ¿Por qué no haber depuesto las armas sin entrar en combate y esperar a que el mundo reaccione (como en parte está reaccionando con medidas disuasorias conjuntas) y esperar a ver si el dialogo reconducía la situación. ¿No están siendo, pues, utilizados, mal utilizados, los pobres ucranianos para ser usados como una vanguardia, o carne de cañón, de enfrentamiento contra la amenaza incierta de lo que supone de momento solo Rusia para Occidente?
Las guerras -como dice el dicho- se saben cómo comienzan pero no cómo terminan (o sí: como miles y miles de muertos, y la ruina…). Al igual que las armas las carga el diablo, las guerras comienzan por una cuestión menor y se envenenan (propagan) diabólicamente, dando un giro (o varios) insospechado. ¡Ya veremos! (ah, si lo vemos).
Entre estos giros: Lo que ya advirtió la Virgen en Fátima: que el comunismo ruso esparciera cual epidemia por todo el mundo (ahí está la China, los países americanos de centro-sur, Corea del Norte, y otros, que se unen por «simpatía» de raros intereses, la India, países africanos, de países islámicos, etc., y en fin, otros de esos que están en globalismo e ideologías de «nuevo» cuño, pero de extracción materialista, y, disimulando, dispuestos a cambiar el mundo a su imagen y semejanza, cueste lo que cueste).
El diablo no anda lejos. Nos lo tememos.
De modo que estemos expectantes, inquietamente. En ¡vela!, en términos escatológicos o apocalípticos. Y para lo cual les recomendamos leer: Tambores de guerra. Una más de las profecías del fin de los tiempos.
Mientras tanto…, recemos.
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