Mi cuerpo le pertenecía al diablo, hoy pertenezco a DiosDel satanismo, lesbianismo y adicción a las agujas, Angélica pasó a consagrarse a la Virgen María Angélica María Páez Gómez tiene 25 años pero a sus espaldas lleva una historia de sufrimiento que sólo Dios ha conseguido curar. Depresiones, drogas, alcohol, bisexualismo, consumo de pornografía, perforaciones en el cuerpo, tatuajes y flirteos con el satanismo enfermaron su alma, mente y cuerpo. Esto es lo que ha vivido esta joven colombiana que ahora relata su testimonio y en el que la Virgen María y los sacramentos, especialmente la Eucaristía han hecho de ella una mujer nueva.
Cuando la droga le invadía, doblegando, alterando su conciencia de realidad, en segundos ya no era la misma y sucumbía temporalmente bajo un mar seductor de sensaciones. Aunque nunca -por gracia de Dios, señala- llegaría a ser adicta en todo el rigor de esa enfermedad. El alcohol fue también un compañero ocasional que potenciaba aquellos estados alterados mediante los cuales intentaba huir de un algo íntimo, indefinido, doloroso, incómodo. Angélica, recuerda que intentaba resistirse al influjo de pecado que le arrastraba, pero sin mucho éxito. “Escuchaba voces en mi oído que me decían: «usted tiene que hacer un trato conmigo, yo se lo voy a dar todo, se lo voy a dar todo.» Pese a que había necesidades económicas en mi casa yo intentaba ignorar estas voces” recuerda Angélica. “A mí me gustaba lastimarme el cuerpo, tenía una adicción extraña a las agujas, en el colegio me atravesaba los ganchos de ropa en las orejas”, señala y agrega que tenía cierto apego a la adrenalina que le provocaba herir su cuerpo al colgarse decenas de piercings. Aprendió incluso la técnica, ganaba dinero, pero al mismo tiempo sentía cierta gratificación -reconoce- por el dolor corporal que expresaban quienes acudían a ella para perforar sus cuerpos. Pero nada de esto le satisfacía plenamente. Continuaba sumergida en una desazón espiritual –vida sin Dios- que terminó por pasarle la cuenta… “Tuve una decaída total anímica, entonces empecé a sufrir de la nada ataques de pánico, depresión… Yo no soportaba irme a la universidad en un bus, ni siquiera en un taxi porque sentía que a me iba a comer el mundo; yo empezaba a llorar; yo estaba en clase y tenía que salir porque me daban náuseas, duraba tres días encerrada en el cuarto llorando, pegándome contra las paredes horriblemente. Una depresión que yo misma me decía pero ¿por qué estoy así?” Pasaba el tiempo y mientras Angélica iba de mal en peor, su madre no permanecía ajena a lo que ella vivía. La mujer oraba por la conversión de su hija. Durante algún tiempo Angélica no supo de esto, en particular porque su madre por años había sido también una activa consumidora de prácticas del ocultismo acudiendo a brujos a tirarse las cartas y otras. Fue precisamente el testimonio de conversión que vio en su madre, el puente que llevó luz a su oscuridad… “Ella empezó a ir a misa, rezar el rosario, oraba, y asistía a los congresos de Teleamiga y casa Belén. Un día me llevó y gracias a una confesión que hice con el padre Julio Cesar mi vida empezó a cambiar” recuerda emocionada Angélica. “Cuando uno cae en la garras del enemigo ni se da cuenta que está con el enemigo… Mi cuerpo le pertenecía al diablo y hoy que pertenezco a Dios mi consejo a los jóvenes es que escuchen a los abuelitos, a sus padres, y estén atentos pues Dios se vale de todo para llegar al corazón. Dios se vale de su novio, novia, mamá, papá, se vale absolutamente de todo para decirte: Estoy aquí, te amo, no importa cuántas veces me crucifiques en tu corazón, no importa si tu pecado es color escarlata. Te amo y estoy para ti”. Fuente: https://www.portaluz.org/mi-cuerpo-le-pertenecia-al-diablo-hoy-pertenezco-a-dios-2197.htm |
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