Cuando evangelizar es picar piedra

Dice Jesús: el sembrador salido a sembrar la semilla (la Palabra de Dios, Lc 8,11), parte cayó sobre las piedras…

«El sembrador salió a sembrar su semilla. Al sembrar, una parte de la semilla cayó al borde del camino, donde fue pisoteada y se la comieron los pájaros del cielo. Otra parte cayó sobre las piedras y, al brotar, se secó por falta de humedad. Otra cayó entre las espinas, y estas, brotando al mismo tiempo, la ahogaron. Otra parte cayó en tierra fértil, brotó y produjo fruto al ciento por uno». (Lc 8,5-8).

Si hoy no se cree fundamentalmente es porque se tiene el corazón duro, árido; una piedra donde la semilla es imposible que eche raíces.

No hay espiritualidad, no hay conciencia, no hay moral, no hay capacidad de admirarse, de hacerse preguntas, de inquietudes, de sentido de la existencia, del qué, por  qué y para qué estoy aquí, de verdad, de valores, de virtudes, etc. Se carece de silencio, de tiempo, de meditación…; todo es ruido, ajetreo, asfixia, irreflexión, incapacidad de estar a solas con uno mismo y sentir el pálpito de la vida propia, y todo tiene la solidez de la materia que se traduce el piedra, donde el amor es cada vez más difícil de encontrar, donde no hay donde rascar afectos y sentimientos profundos, pues todo se ha vuelto volátil, gaseoso, líquido, inestable, caprichoso…

 Ante esa tierra tan refractaria a acoger la semilla de Dios, evangelizar se ha vuelto en algo imposible, pues lo frutos no se ven por ninguna parte. Es más en Occidente la creencia está retrocediendo de manera imparable. Y no es que ya uno hable de Dios -que ya la mayoría de los cada vez menos creyentes lo hacemos, porque se palpa un rechazo visceral hacia la Iglesia, los sacerdotes y los mismos fieles extendida socialmente y sin que la mayoría sepa realmente la razón de ello-, sino que el ejemplo y testimonio -de ser sal y luz- tampoco encuentra acogida… en corazones de piedra. Estamos llamados a ser levadura en una sociedad que a menudo ya no logra saborear la belleza de Dios y experimentar la gracia de su presencia.

Hay que ser humildes en el sentido de que no podemos gran cosa. Saber que hay que hacer ímprobos esfuerzos sobre la tierra para apenas esperar que cuaje y eche raíces alguna plantita.

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Ante el Congreso de Laicos Pueblo de Dios en Salida reunió en Madrid este fin de semana a más de mil quinientos laicos y trescientos sacerdotes y religiosos,  el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, ha propuesto a sacerdotes y obispos «quitar tiempo a las reuniones» y dedicar más a «gastarse en el cuerpo a cuerpo», es decir, a estar cerca de la gente, siguiendo el ejemplo del Papa Francisco, que dedica horas y horas a estar cerca de la gente, a escuchar, abrazar y bendecir a la gente, que sienta que Jesús se siente cercano, le quita tiempo a reuniones para estar cerca de la gente».

Mons.Toni Vadell, obispo auxiliar de Barcelona, expuso Cuatro itinerarios:

El primer anuncio o kerygma reclama la necesidad de «procesos de iniciación cristiana que favorezcan el encuentro personal con Cristo», además de «formas para acoger y acompañar a los que buscan y a quienes se han alejado de la fe».

Se insiste en que es prioritario «el acompañamiento de personas en situación de sufrimiento y vulnerabilidad, de los matrimonios y familias, de los jóvenes», además del que permita un mejor «discernimiento de la propia vocación».

«Vemos necesario activar procesos continuados de formación en la fe desde la infancia hasta la edad adulta», afirmó monseñor Vadell recogiendo el sentir de los participantes, donde «el laico sea el protagonista» y los sacramentos sea los «ejes vertebradores»: «Una formación integral e integradora, que aúne espiritualidad, oración personal y comunitaria, sacramentos y profundización en la fe para dar razones de nuestra esperanza. En particular, la formación en Doctrina Social de la Iglesia se ha de hacer en diálogo con las realidades concretas y con las situaciones sociales que vivimos».

Por último, la participación de los laicos en la vida pública ha de hacerse de forma que no queden excluidos «del acompañamiento por parte de nuestras comunidades de referencia», y como parte del «diálogo con la sociedad civil» se insistió en la importancia del «diálogo entre la fe y la ciencia».

Dios está actuando

La experiencia cristiana que los católicos ponen en marcha se fundamenta, añadió monseñor Vadell, en la «convicción de que Dios está actuando en el mundo, en la Iglesia, en nosotros, en todo hombre y en toda mujer», y por eso hemos de buscar «los signos y las huellas que Dios deja».

«Estamos llamados a enfrentarnos en nuestro tiempo» con todos sus desafíos, explica la ponencia final, que cita entre ellos «el cuerpo, la afectividad y la sexualidad, el papel de la mujer en la Iglesia y en la sociedad; los nuevos paradigmas cognitivos y la búsqueda de la verdad; los efectos antropológicos del mundo digital; la decepción institucional y las nuevas formas de participación; la parálisis en la toma de decisiones por la superabundancia de propuestas; ir más allá de la secularización».

La forma en la que los cristianos han de afrontar este desafío pasa por algunas ideas fuerza, que enumeró y explicó brevemente el obispo:

-Salir hasta las periferias.

-Diálogo y encuentro. 

-Vivir desde la oración y los sacramentos. 

-Apertura a quienes buscan. 

-Cultivar las semillas del Verbo. 

-Cercanía a los pobres y a quienes sufren.

-Anunciar el Evangelio (con «tres verdades»: «Dios te ama, Cristo te salva, el Espíritu da vida y acompaña en la vida»).

-Estar a gusto con el pueblo. 

 

En fin, recemos, recemos para que el Espíritu Santo propicie la siembra de la semilla…

 

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